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Regresan las protestas a Egipto

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 Las manifestaciones han regresado a la simbólica Plaza Tahrir, en El Cairo. En los últimos dos días más de veinte personas han muerto en enfrentamientos entre las autoridades y las personas que protestas contra el nuevo status quo.

La situación incluso llevó al gabinete de ministros a presentar este lunes en la noche su renuncia a la junta militar.
La protesta que comenzó en El Cairo, este fin de semana, se ha extendido a otras ciudades de Egipto, principalmente a Alejandría, en el norte, Islmailia, en el este, y Suez.

En el foco principal, la Plaza Tahrir, de la capital egipcia, según el corresponsal de la BBC, John Leyne, cada intento de las fuerzas de seguridad de sacar a los manifestantes del lugar despertaba más ira, y provocaba el efecto contrario: más gente se unía a la protesta.

Por lo menos un millar de personas resultó herido, entre ellas, unos cuarenta policías.

Miles permanecieron en el lugar, durante una noche que vio esporádicos enfrentamientos, a pesar de los esfuerzos del imán de una mezquita local por negociar una tregua.
Presencia militar

Según el corresponsal de la BBC, Jonathan Marcus, tras lo que fue una revolución inconclusa -si es que puede calificarse de "revolución"- que logró sacar de escena al presidente Hosni Mubarak y sus asociados más inmediatos, el verdadero pilar del régimen, los militares, continúa ejerciendo el poder.

El desafío de los manifestantes al poder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que reemplazó un gobierno de Mubarak de tres décadas, no tiene precedentes en un país donde los militares nunca han abandonado tal lugar de privilegio en el escenario politico, en sesenta años.

Para quienes protestan, el Consejo Supremo continúa siendo un organismo que procede en secreto y que permite los arrestos arbitrarios y la tortura de quienes se muestran contrarios al gobierno.
Esta es la razón, previsible para muchos analistas en febrero pasado, de que la euforia tras la salida del expresidente Mubarak se tornara en desilusión, desencanto e ira.

Por mucho que hayan rodado algunas cabezas, los manifestantes argumentan que la vieja guardia continúa en el poder.

Si bien es cierto, por ejemplo, que el ministro de Información de Mubarak, Safwat Sharif, se encuentra enjuiciado por corrupción y conspiración, a la cabeza de la junta militar se halla el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, quien fuera el ministro de Defensa del antiguo régimen durante veinte años.

Tantawi prometió, apenas Mubarak abandonó el poder, clausurar el aparato de censura que operaba desde el ministerio de Información.

Cinco meses más tarde, los generales cambiaron de idea. El ejemplo es, para muchos, iluminante porque revela que los militares tienen mucho que defender.

De partida, un presupuesto desconocido, no sometido para nada al escrutinio de organismos contralores.

En seguida, todo lo que viene con el ejercicio sostenido del poder: relaciones, conexiones y un estatus privilegiado dentro de la sociedad.

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