Sea como sea, no hay duda de que independientemente de las intenciones de Sharon respecto a cómo actuar tras una eventual derrota en el Likud, la votación del referéndum es una prueba para su futuro como jefe de gobierno.
Quizás lo más difícil para él sea el no poder garantizar soluciones rápidas ni absolutas ni tampoco tranquilidad en las relaciones con los palestinos, por más que sus tropas y los colonos salgan de la Franja de Gaza.
Lo único seguro en estos momentos, es que pase lo que pase en el referéndum, a Sharon le espera una época dura en sus relaciones con los colonos que quiere evacuar. Si pierde la votación en el Likud, estará fortaleciendo a todos aquellos que se oponen a la retirada, que se sentirán invencibles e inamovibles.
Y si la gana, consiguiendo una luz verde en el camino hacia la retirada, estará acelerando la cuenta regresiva hasta un choque inevitable con los colonos a los que quiere trasladar.
Fte BBC.-

