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El desafío de la educación judía en Guadalajara

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 En Guadalajara, México, ha existido una vida judía organizada en comunidad desde 1918, pero no fue hasta 1950 que se fundo el primer colegio judío en la ciudad. En declaraciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN) Mark Moel, presidente de la comunidad hebrea de Guadalajara México, contó en que se basó la educación judía en su país y cómo esta en la actualidad.
“En un inicio el colegio enseñaba además de las materias requeridas en México, tenían clases de idish razón por la cual cerca de la mitad de la Comunidad, que era de origen sefaradi, no enviaba a sus hijos al Colegio Israelita”, dijo Moel.
Sin embargo, al poco tiempo, se cambio la enseñanza del idish por el hebreo con maestros que venían de Israel y se modificó drásticamente la situación. “La escuela en su mejor época llego a tener hasta el 98 por ciento de lo niños en edad escolar inscritos en la institución”, detalla el presidente comunitario.
A pesar de las modificaciones y el alto porcentaje de escolaridad, con el tiempo y la apertura de mas colegios laicos en la ciudad volvió a complicarse el sistema educativo judío. “El porcentaje de inscritos en el Colegio Israelita bajo y, si a eso le sumamos por una parte la migración que ha existido de Guadalajara a la Cuidad de México, hubo una fractura que sufrió la Comunidad Judía en la ciudad hace siete años al dividirse en dos instituciones independientes donde el colegio quedo en una de ellas, la matricula bajo a grados insostenibles y desafortunadamente el colegio integral cerro hace ya dos años”, describe Moel.
Al mismo tiempo que la Comunidad se fracturaba, la naciente Comunidad Hebrea de Guadalajara, “instauro una escuela complementaria en sus instalaciones a donde asisten los niños en edad previa a Bar/Bat Mitzva al menos dos veces por semana, ahí se les enseña hebreo, cultura, tradiciones, sionismo e historia y además se impulsaban proyectos de Tzedaka (justicia social)”.
“El proyecto educativo es intergeneracional así que padres y abuelos también tienen clases y participan de actividades familiares con temas judaicos específicos”, dice Mark.
A su vez, los niños luego de realizar su Bar/Bat Mitzva tienen clases una vez a la semana con el Rabino de la Comunidad y son parte integral de los servicios religiosos cotidianos.
Con respecto a futuros proyectos que intentan emprender desde la comunidad, Moel contó que “hoy que nuestros niños están creciendo existe la inquietud de formar una Tnua (movimiento juvenil sionista) y agregar por este medio mas educación sionista”.
Para todos los programas que encara la comunidad de Guadalajara con respecto a los proyectos educativos son apoyados fuertemente por el Fondo Pincus para la Educación Judía en la Diáspora. “Este año este apoyo llega a su fin y será para nosotros un reto sostener el proyecto educativo intergeneracional de la Comunidad”, se lamenta Moel.
Otra de las razones que dificulta el progreso es que la institución cuenta solo con 180 personas y “mantener interesante la Comunidad para nuestros niños y jóvenes es nuestro objetivo aunque tengamos que competir contra todos los estímulos externos que se presentan en una ciudad tan pujante como Guadalajara”, sostiene el dirigente comunitario.
Como masaje final y esperanzador Moel resalta que “son los retos como este los que sacan a flote a nuestra Comunidad que depende en gran parte del voluntariado y estamos seguros que saldremos adelante”.

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