La indignación que generó en la comunidad judía internacional el beneficio que goza el jerarca nazi Erich Priebke, condenado por su papel en la matanza de 335 civiles en Italia y quien debería cumplir arresto domiciliario, quedó reflejada en el testimonio dado por un nieto e hijo de sobrevivientes de la Masacre de las Fosas Ardeatinas.
O.T, como llamaremos al protagonista de este testimonio brindado a la Agencia Judía de Noticias (AJN), reveló en principio que las salidas transitorias de Priebke ya era un hecho que estaba siendo investigado desde hacía unos meses.
“La verdad es que esto de Priebke lo veníamos sospechando con mis primos de Roma desde hace unos meses, pero entre un tema y el otro no tuvimos tiempo de seguirlo hasta que me llaman diciéndome que mi tío se había descompensado del disgusto al escuchar que este criminal estaba suelto”, relató el testigo.
Las autoridades comunitarias levantaron la voz a través de la prensa, pero para O.T ya era “tarde” porque “el bárbaro anda por las calles”.
Lo cierto es que las salidas de Priebke al supermercado y a la Iglesia llevaron a los sobrevivientes y a sus familias a revivir aquel genocidio que quedó grabado en la historia de la humanidad.
“Mi familia tiene dos frentes, el romano y otro en la Toscana, durante la guerra, cuando la Gestapo y la SS coparon Roma, la mayoría, por no decir casi todos, los romanos escondieron a todos los de la comunidad”, contó O.T.
El protagonista señaló que “si bien es cierto que muchos (judíos) terminaron en Auschwitz, la verdad sea dicha yo no existiría si no fuera por romanos que escondieron a los mios por todos lados”.
“Como nuestros apellidos datan de la época de la república, algo así como 20 siglos de antigüedad, no les era fácil para nada a los nazis poder identificarnos, como si les era en Alemania”, agregó.
Tanto abuelos, como tíos y su padre iban y venían escapando de un lugar a otro en la Toscana, “aunque a algunos los agarraron, y los fusilaron en el mismo lugar donde los capturaron”, relató O.T. No obstante, el hombre aclaró que “la mayoría” de sus familiares pudo escapar de la muerte.
Sin embargo, el momento más terrible se vivió en marzo de 1944, cuando Priebke y Karl Hass, con camiones facilitados por el ejército alemán, llevaron a un grupo de italianos a las Fosas Ardeatinas, unas minas abandonadas en las afueras de Roma, para ejecutarlas en venganza por la muerte de un grupo de soldados de la SS.
“Cuando fue lo de las fosas mi abuelo me dijo que nadie salía a las calles, es más, muchas familias que escondían familias judías los encerraron bajo llave, para asegurarse que ni por error salieran, duró varios días eso, fue tremendo, porque hasta conseguir la comida se complicaba con tanta SS en las calles”, relató O.T a AJN.
El protagonista de esta historia aclaró que pese a los esfuerzos “los asesinos se hicieron de las 300 víctimas, y los mataron a todos, muchos eran conocidos de mi papá y abuelo”.
“Cuando les era posible, ellos siempre le rendían homenaje a los que cayeron, tanto en Roma, como en Toscana, y cuando ambos se fueron, nos dejaron ese encargue a los hijos, de no olvidar, y rendir homenaje”, expresó.
El testimonio de O.T sirve para refrescar la memoria de lo que fue uno de los genocidios más terribles que sufrió la humanidad, sobretodo en momentos que el tribunal autorizó a Priebke, quien vivió en Buenos Aires y en la ciudad de Bariloche, en la Patagonia Argentina, a dejar el apartamento Roma, donde está cumpliendo una sentencia de cadena perpetua.
Priebke fue extraditado desde Argentina en 1995 y fue declarado culpable por su papel en la masacre de los nazis ocuparon Roma, llevada a cabo en represalia por un ataque de combatientes de la resistencia italiana que mató a 33 miembros de una unidad de policía militar nazi.
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