Beirut. (Corresponsal) – Ariel Sharon ha respondido a la oferta siria de reanudar las negociaciones de paz interrumpidas hace tres años ordenando intensificar la colonización de la meseta ocupada del Golán: el primer ministro israelí ha aprobado la construcción acelerada de 900 casas en tres años, lo que duplicará los habitantes de las granjas agrícolas, pasando de 18.000 a 27.000 colonos judíos en aquel estratégico enclave, abundante en fuentes de agua, conquistadas en la histórica guerra de 1967.
Este plan es el más ambicioso de todos los realizados desde aquella fecha y desde la denunciada anexión de 1981 del territorio sirio. Su ejecución supone la fundación de otras nueve colonias de poblamiento. Además de las 35 colonias existentes, hay en el Golán cuatro localidades habitadas por 17.000 drusos –una minoría confesional asentada sobre todo en la montaña libanesa del Chuf, y en Siria– que no han renunciado a su identidad árabe ni a su nacionalidad siria. (Un reciente filme titulado «La cometa» narra la desgarradora historia de amor imposible entre una muchacha drusa de una pequeña aldea libanesa cuya cometa queda atrapada en las alambradas de la frontera, y un soldado druso del Ejército israelí, centinela inmóvil en su puesto de vigía que escruta con sus prismáticos la línea divisoria.) Para el ministro de Agricultura israelí, Israel Katz, este proyecto es un mensaje claro a Siria: «Estamos empeñados en seguir construyendo nuevas colonias de poblamiento. Me gustaría que el presidente (sirio) Bashar El Assad pudiese ver cómo florece el Golán».
El Partido Laborista israelí ha denunciado este proyecto. Uno de sus más destacados diputados en la Knesset, Halim Ramon, ha dicho que su único objetivo era «torpedear la tentativa siria de reanudar la negociacion de paz». Según el influyente diario «Jerusalem Post», hay divergencias de opinión entre el jefe del Gobierno, Ariel Sharon, y el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí acerca de esta hipotética y remota posibilidad de reanudar los contactos diplomáticos bilaterales en torno a las colinas ocupadas. Durante el anterior gobierno laborista, Ehud Barak se había comprometido en evacuar casi todo el territorio, a excepción de una franja costera del lago Tiberiades. El «rais» sirio, Hafez El Assad, al que tras su muerte sucedió su hijo, rechazó entonces la propuesta.
El fracaso de la negociación sirio-israelí –se ha dicho mil veces que los árabes no pueden hacer la guerra al Estado de Israel sin Egipto ni la paz sin Siria– sirvió para impulsar la otra parte de las conversaciones diplomaticas emprendidas de Oriente Medio entre palestinos e israelíes.
Fte L.V.G

