Un nuevo estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalem acerca un paso más a la posibilidad de que las semillas de las plantas puedan fabricar y almacenar una de las proteínas más importantes de la leche.
Este descubrimiento ayudaría a superar un obstáculo importante en la producción de proteínas lácteas reales sin vacas, lo que permite obtener ingredientes más sostenibles, con menor impacto al cambio climático y una producción de alimentos alternativos.
Publicada recientemente en Frontiers in Plant Science bajo el título “El microscopio revela sorprendentes cúmulos de proteínas de la leche en semillas modificadas genéticamente”, la investigación fue liderada por el profesor Oded Shoseyov de la Facultad de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente Robert H. Smith de la Universidad Hebrea de Jerusalem, junto con el autor principal Almog Ozeri y Mai Shamir, Miron Abramson, Barak Cohen y Amir Rudich.
El equipo demostró que las plantas pueden producir con éxito β-caseína, una de las principales proteínas de la leche de vaca. Aún más sorprendente, la proteína se acumuló en una ubicación totalmente inesperada dentro de las células vegetales, revelando una vía metabólica hasta ahora desconocida que podría ayudar a mejorar la producción de proteínas animales en los cultivos.
Según su comunicado de prensa, “ante el continuo crecimiento de la demanda mundial de productos lácteos y la creciente preocupación por las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de la tierra y el consumo de agua asociados a la ganadería, los científicos han estado buscando métodos sostenibles para producir proteínas lácteas auténticas sin depender de animales”.
“La agricultura molecular vegetal, que utiliza cultivos como minifábricas de proteínas, se ha consolidado como uno de los enfoques más prometedores, pero la producción de proteínas lácteas complejas en plantas sigue siendo un importante reto técnico”, agregó el comunicado.
Para abordar este problema, los investigadores modificaron genéticamente semillas de Arabidopsis (berro de Thale), una maleza de la familia de la mostaza (Brassicaceae) originaria de Eurasia y África.
“Estimamos que en 18 a 24 meses alcanzaremos la etapa comercial. El mayor obstáculo que aún tenemos por delante es la adopción de la técnica por parte de la industria. Ya hemos iniciado conversaciones con la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos”, afirmaron los investigadores a The Jerusalem Post.

