Itongadol/Agencia AJN.- Un intenso debate se abrió en Israel a menos de tres meses de las elecciones legislativas del 27 de octubre, luego de que una iniciativa destinada a facilitar el regreso de ciudadanos israelíes residentes en el exterior para emitir su voto informara que ya cuenta con más de 31.000 inscriptos y aspira a movilizar hasta 70.000 votantes.
La controversia comenzó tras una columna publicada por Kalman Libeskind, editor jefe del diario Makor Rishon, quien cuestionó la legitimidad moral de quienes abandonaron Israel de forma permanente y planean regresar únicamente para participar en los comicios.
«Quien no vive aquí no debería decidir cómo vivimos aquí», escribió Libeskind, utilizando el término hebreo yordim («los que descienden»), empleado habitualmente para referirse a israelíes que emigraron y se establecieron en otros países.
El periodista calificó como «un proyecto inmoral» los esfuerzos para facilitar el regreso de estos votantes, argumentando que quienes ya no residen en Israel no sufrirán las consecuencias directas de las decisiones que tome el próximo gobierno en cuestiones como seguridad, economía o servicio militar.
Sin embargo, aclaró que sus críticas no estaban dirigidas a quienes se encuentran temporalmente en el exterior por trabajo, estudios u otros motivos transitorios.
La discusión se intensificó debido al crecimiento de Fly&Vote, una iniciativa impulsada por la organización AID Coalition, que ayuda a ciudadanos israelíes en el extranjero a verificar su elegibilidad para votar y organizar su viaje de regreso al país. La organización asegura que no pregunta ni registra las preferencias políticas de los participantes.
La respuesta de dirigentes opositores fue inmediata.
El diputado Vladimir Beliak, del partido Yesh Atid, acusó a Libeskind de aplicar un doble estándar y recordó que en elecciones anteriores distintos sectores promovieron activamente el regreso de votantes ultraortodoxos residentes en el extranjero.
«¿Qué cambió ahora?», preguntó el legislador.
Por su parte, la diputada Naama Lazimi, del partido Demócratas, señaló que muchos israelíes que viven fuera del país regresaron después del ataque del 7 de octubre de 2023 para incorporarse a las reservas de las Fuerzas de Defensa de Israel.
«Para él está bien que mueran por el país, pero no que voten», escribió Lazimi en redes sociales.
El diputado Gilad Kariv también cuestionó la postura de Libeskind y sostuvo que nadie puede determinar quién tiene o no derecho moral a participar en elecciones nacionales.
La polémica alcanzó incluso a la radiodifusora pública Kan, donde trabaja Libeskind. El corresponsal europeo de la cadena, Dov Gil-Har, respondió públicamente que, pese a residir temporalmente fuera de Israel, siente la obligación de regresar para votar y recordó que su hija presta servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel.
Libeskind replicó que su crítica nunca estuvo dirigida a personas en esa situación, sino exclusivamente a quienes abandonaron el país de manera permanente.
El debate adquirió relevancia política porque las cifras involucradas podrían tener un impacto real en el resultado electoral. En una elección que se anticipa reñida, decenas de miles de votos adicionales podrían influir en la distribución final de escaños en la Knesset.
Para quienes respaldan la posición de Libeskind, quienes ya no viven en Israel deberían tener una influencia limitada sobre decisiones cuyos efectos recaerán principalmente sobre quienes permanecen en el país.
Sus detractores sostienen, en cambio, que la ciudadanía israelí, los vínculos familiares, el servicio militar y el compromiso con el Estado no desaparecen por residir en el exterior, por lo que esos ciudadanos conservan pleno derecho a participar en la elección del próximo gobierno.
Fuente: The Jerusalem Post

