En un ataque aéreo conjunto de Arabia Saudita y Estados Unidos en el centro de Irak (en la zona de Amerli), llevado a cabo durante la noche del 28 al 29 de julio de 2026, fue abatido el jefe de la rama hutí en Irak.
Contexto
El ataque aéreo fue llevado a cabo como una respuesta directa e inmediata después de que los sistemas de defensa aérea saudíes interceptaran drones y misiles lanzados desde territorio iraquí contra instalaciones petroleras estratégicas en Riad y en el este del reino. En respuesta, aviones de combate saudíes y estadounidenses atacaron cuarteles generales y posiciones de las milicias proiraníes (Al-Hashd al-Shaabi) en Irak. En esos ataques murieron al menos 20 miembros de las milicias y unos seis asesores militares iraníes de la Guardia Revolucionaria.
¿Quién era el abatido (Abu Ali al-Azzi)?
Cargo e identidad: Abu Ali al-Azzi era un alto dirigente de la organización hutí en Yemen y desempeñaba un papel clave en la «oficina de representación» oficial de los hutíes en el barrio de Al-Jadriya, en Bagdad (Irak).
Área de operaciones: aunque la organización tiene su base en Yemen, Al-Azzi operaba desde Irak. Coordinaba la logística, las operaciones y las comunicaciones entre los hutíes, las milicias iraquíes y la Fuerza Quds iraní, con el objetivo de consolidar un frente conjunto contra Arabia Saudita.
¿Quién proporcionó la inteligencia precisa?
El ataque se basó en inteligencia conjunta de Estados Unidos (CENTCOM) y Arabia Saudita.
Los servicios de inteligencia estadounidenses y saudíes seguían de cerca los movimientos de altos mandos de la Fuerza Quds y de miembros de la oficina hutí en Irak, especialmente después de que Washington advirtiera oficialmente al Gobierno iraquí que permitir la continuidad de las actividades hutíes en su territorio tendría graves consecuencias.
La información de inteligencia permitió atacar con precisión instalaciones de fabricación de drones y centros de mando específicos donde se encontraban los dirigentes en ese momento.
¿Cuál es el impacto del ataque y de la eliminación del dirigente?
Cambio de las reglas del juego por parte de Arabia Saudita: el ataque demuestra que Riad ya no se limita a una postura defensiva basada en interceptaciones, sino que ha pasado a realizar ataques preventivos más allá de sus fronteras, tanto en Irak como en Yemen, contra quienes amenacen sus activos energéticos.
Grave crisis diplomática entre Riad y Bagdad: tras el ataque en territorio iraquí, fue cancelada de inmediato la visita prevista del primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, a Arabia Saudita. El Gobierno iraquí considera el ataque una violación de su soberanía, mientras que Arabia Saudita deja claro que no tolerará que Irak se convierta en una plataforma de lanzamiento para operaciones iraníes.
Escalada regional: la eliminación del dirigente y el ataque se producen en el punto álgido de una nueva ola de enfrentamientos, después de que los hutíes anunciaran el fin del alto el fuego con Arabia Saudita, impusieran un bloqueo marítimo y lanzaran misiles hipersónicos contra el reino.
El ataque contra altos mandos en Irak aumenta la presión sobre el llamado «Eje de la Resistencia» respaldado por Irán e incrementa el potencial de represalias por parte de las milicias chiíes.

