Itongadol/Agencia AJN.- Testimonios de detenidos, familiares y organizaciones de derechos humanos denuncian una nueva ola de represión en Irán, con arrestos masivos, torturas, privación de alimentos y atención médica, y severos abusos contra opositores, periodistas y activistas.
Según una investigación publicada por el diario británico The Guardian, las denuncias comenzaron a salir a la luz tras una relativa flexibilización de las restricciones de Internet impuestas por el régimen iraní. Las detenciones se habrían intensificado desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y ya no se limitan a quienes participaron en las protestas antigubernamentales de enero.
Uno de los casos más destacados es el del escritor iraní Hamid Asefi, de 63 años, quien aseguró que agentes armados irrumpieron en su departamento en Teherán y lo golpearon brutalmente antes de detenerlo.

Según relató, los agentes derribaron la puerta de su vivienda con martillos y hachas y lo atacaron cuando regresó a su hogar. “Antes de que tuviera tiempo de responder, me golpearon con la culata de un arma en la nuca y la espalda”, declaró.
Asefi afirmó que la violencia aumentó cuando pidió ver una orden de arresto. “Los golpes en las costillas, los riñones, las sienes y la parte posterior de la cabeza fueron tan fuertes que perdí el conocimiento”, relató.
Posteriormente fue trasladado con los ojos vendados a un centro de detención, donde fue interrogado por supuestos vínculos con Israel y por haber firmado una declaración contra la represión del régimen. Finalmente fue liberado tras informarle que su arresto había sido un “error administrativo”.
Sin embargo, semanas después debió ser hospitalizado. Una resonancia magnética reveló una extensa hemorragia cerebral que requirió una intervención quirúrgica.
La investigación sostiene que su caso forma parte de una creciente cantidad de denuncias sobre las condiciones en las cárceles iraníes. Organizaciones de derechos humanos describen un sistema donde son frecuentes las golpizas, el aislamiento prolongado, la privación de alimentos y los abusos físicos y psicológicos.
La organización Amnesty International aseguró haber documentado desde fines de febrero casos de ejecuciones simuladas, armas colocadas en la boca de los detenidos, palizas severas, suspensión de los prisioneros por las manos o los pies, confinamiento solitario y negación de tratamientos médicos.
Otra de las denunciantes es una joven manifestante de 23 años identificada bajo el seudónimo de Mehnaz. La mujer afirmó haber sido arrestada por publicaciones críticas al régimen en redes sociales y trasladada a la prisión de Qarchak.
“Allí me interrogaron repetidamente durante más de dos semanas y me negaron comida y agua. Perdí ocho kilos en apenas dos semanas”, aseguró.
“Hay torturas que no dejan marcas visibles, pero permanecen contigo para siempre”, agregó.
Las denuncias también alcanzan a periodistas. Según el Comité para la Protección de los Periodistas, la reportera iraní Vida Rabbani fue detenida tras firmar una declaración que condenaba la represión gubernamental y exigía el fin del autoritarismo.
Su abogado denunció que fue trasladada a un centro de inteligencia en la ciudad de Sari, donde sufrió golpizas. Su esposo aseguró que presentaba moretones en todo el cuerpo y que le arrancaron mechones de cabello por negarse a usar el hiyab.
La propia Rabbani relató que fue agredida en varias ocasiones durante su cautiverio. “Me llamaban salvaje y trataban de obligarme violentamente a usar el hiyab”, afirmó.
Según su testimonio, uno de los interrogadores la sujetó del cabello con tal fuerza que posteriormente encontró mechones enteros desprendidos. También denunció haber sufrido agresiones sexuales e intentos de estrangulamiento.
Aunque ya fue liberada, aseguró que continúa padeciendo ataques de pánico e insomnio. “Tienen formas de torturarte sin dejar rastros visibles. Ahora no puedo dormir y necesito antidepresivos y somníferos”, concluyó.

