Agencia AJN.- En la ceremonia conmemorativa estatal por Iom Hazicarón, el Día de los Caídos, el presidente de Israel, Isaac Herzog, afirmó hoy: «Tras dos años y medio desde el inicio de la guerra, nos encontramos ante un nuevo capítulo histórico. Hemos enfrentado abismos, y también hemos alcanzado cumbres. Hemos recibido golpes, pero hemos derrotado enemigos y fortalecido nuevas alianzas»
Herzog añadió: «Nuestros enemigos buscan convertir la obra que estamos construyendo en ruinas. Así como han fracasado en cada oportunidad, ahora también seguiremos construyendo y fortaleciéndonos».
Anoche, Herzog encabezó la ceremonia oficial de Iom Hazikaron (Día de la Recordación) en el Muro Occidental, en Jerusalem, donde brindó un extenso y emotivo discurso en homenaje a los soldados caídos y a las víctimas del terrorismo, combinando relatos personales, referencias históricas y un llamado a la cohesión nacional en un contexto de guerra.
El mandatario abrió su intervención recordando la historia del mayor (res.) Dr. Eitan Menachem Neeman, un médico de la unidad de cuidados intensivos pediátricos del Centro Médico Soroka, en Be’er Sheva, que dedicaba su vida a salvar niños de toda la región del Néguev. Relató que el 7 de octubre, Eitan acudió de inmediato al hospital para asistir a los heridos, y que al día siguiente fue convocado al servicio de reserva, decisión que tomó sin dudar pese a su rol clave en el sistema de salud.
Herzog detalló que el 9 de octubre, mientras operaba en las afueras de Sderot, el equipo de Neeman se encontró con terroristas. Eitan avanzó al frente, como solía hacerlo, y combatió hasta caer junto a sus compañeros, el capitán Yuval Halivni y el sargento mayor (res.) Avihay Amsalem. Posteriormente, su familia descubrió que murió sosteniendo una granada que había sido lanzada contra su unidad, la cual logró interceptar, aunque no tuvo tiempo de devolverla. Tenía 45 años, y dejó esposa, siete hijos, su madre, cinco hermanas y una comunidad que le debía la vida.
El presidente utilizó esta historia para conectar el presente con una tradición milenaria. Mencionó que una prima de Neeman publicó en su memoria un poema litúrgico hallado en la Genizá de El Cairo, escrito hace casi mil años por el rabino Natan ben Yeshua tras la muerte de su hijo. Herzog citó sus palabras: “Lloro, lloro, y mi espíritu está envuelto… sobre un racimo arrancado de la vid… antes de poder probar su vino, me fue arrebatado”, subrayando el hilo que une el dolor personal con la memoria colectiva a lo largo de generaciones.

