WASHINGTON
El 6 de este mes Norman Podhoretz escribió en el Jerusalem Post que el resultado más probable de la acción norteamericana en Irak será una victoria rápida con pocas bajas aliadas y pocas bajas entre los iraquíes, y que Israel no será afectado por la acción bélica. Además, Podhoretz expresó que los iraquíes recibirán a las fuerzas invasoras como fuerzas de liberación, y se descubrirán las armas de destrucción masiva que Saddam niega poseer.
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Podhoretz también conjetura que Irak se transformará en un lugar más placentero para vivir y que esta realidad va a desencadenar un efecto dominó en el Medio Oriente que beneficiará a la seguridad de Israel.
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Norman Podhoretz fue el propulsor más importante del movimiento neoconservador que en poco más de treinta años revitalizó a la derecha norteamericana, postrada después de la aplastante derrota de Barry Goldwater en la elección presidencial de 1964. Integran este movimiento, y lo han integrado, distinguidos intelectuales, como Allan Bloom y Gerturde Himmelfarb, y compañeros de ruta con prestigio académico y literario: Daniel Bell y Saul Bellow.
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En los ocho años de la década del 90 en los que el grupo estuvo marginado por la presidencia de Bill Clinton (1993-2001), los politicólogos neoconservadores -entre los que se cuentan operadores de calidad y comentaristas como William Kristol, Richard Perle, Paul Wolfwitz y Elliot Abrams- consolidaron una importante alianza que ya se venía elaborando con conservadores tradicionales, por ejemplo, Dick Cheney, hoy vicepresidente, y Donald H. Rumsfeld, hoy secretario de Defensa.
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La unidad del movimiento conservador es una gran ventaja que tiene la administración del presidente George W. Bush sobre la de su padre, George H. Bush (1989-1993), quien perdió la elección presidencial contra Clinton por el feroz conflicto interno entre neoconservadores y conservadores tradicionales que se disputaban el legado político de Ronald Reagan. Los neoconservadores son internacionalistas y los conservadores, tradicionales nacionalistas.
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En la presidencia de George W. Bush el entendimiento entre el internacionalismo neoconservador y el nacionalismo del conservadurismo tradicional se manifiesta precisamente, y con originalidad, en la misión de norteamericanizar Medio Oriente, que viene a ser nacionalizar al extranjero culturalmente, por la fuerza y el ejemplo.
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Podhoretz fue un precursor de esta manera de pensar. Durante 37 años como editor de Commentary, del American Jewish Comité (Comité Judío Norteamericano), fundada en 1945 para servir a un público de izquierda, orientó esa revista a un público de derecha, transformándola en una fábrica de soluciones novedosas, basadas en el mercado y en el uso del poder.
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Hoy Podhoretz, parcialmente retirado, es senior fellow del Hudson Institute, el centro de investigación creado por Heriberto Kahn que cobró renombre en los años 60 por imaginar lo inimaginable en materia de guerras nucleares. Desde el Hudson Institute, Podhoretz escribe sobre temas sociales, culturales e internacionales. El año último publicó lo que puede pasar por un análisis geopolítico de los profetas del Antiguo Testamento: Los profetas: quiénes eran y quiénes son .
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Volvemos entonces a examinar su reciente artículo en el Jerusalem Post. En el largo plazo Podhoretz cree que la ocupación de Irak beneficiará a Israel. Tanto es así que si los gobiernos islámicos de la región se norteamericanizan Israel, cree Podhoretz, deberá aceptar un Estado palestino. Esta admisión es nueva para Podhoretz ,quien se ha opuesto con firmeza a un Estado palestino y es un enemigo declarado del proceso de paz de Oslo, patrocinado por Clinton y cuyos pasos iniciales fueron impuestos a Israel por el secretario de Estado James Baker inmediatamente después de la Guerra del Golfo, según dice Pohhoretz.
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Lo que Podhoretz teme es que inmediatamente después de la ocupación de Irak Washington obligue a Israel a caminar hacia la creación de un Estado palestino antes de que sea norteamericanizada la región. Escribe para advertir. Por esa razón su artículo se titula «La mañana después de Irak.»
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El malo de la película de apurar el nacimiento de un Estado palestino sería el secretario de Estado, Colin Powell, a quien el movimiento neoconservador encañona desde hace tiempo, y el aliado de Powell en esa empresa pro palestina sería el británico Tony Blair, que tiene enorme reputación en Estados Unidos por mantener su alianza con Washington. Pero para Podhoretz, Blair, al estar identificado, como está, con quienes buscan acelerar la creación de un Estado palestino, se convierte en enemigo objetivo, y esos enemigos, para quienes fueron formados en su juventud en la dinámica del pensamiento marxista, son los peores enemigos.
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Podhoretz en su juventud, aparte de marxista -escribió una oda a Stalingrado, hoy perdida- fue también un chico de la calle en Brooklyn, y recuerda que el escritor de izquierda Norman Mailer, de quien fue muy amigo entonces, era conocido en el barrio por maricón ( sissy ), no en el sentido sexual de la palabra, sino en ese sentido que se aplica a quien sistemáticamente evita cualquier situación de enfrentamiento machista.
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Genio y figura
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A Podhoretz le encanta su vida en las calles de Nueva York, y cree que la pugnacidad que adquirió en esos años lo ha ayudado en política. Puede ser. Lo cierto es que el movimiento neoconservador es muy agresivo, y las luchas internas dentro de la administración son feroces. Por ejemplo, se dice que Colin Powell, que es visto como un enemigo objetivo por ese movimiento, viaja menos que sus predecesores al exterior por temor de descuidar su silla en Washington.
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En otro nivel, Richard Perle recientemente llamó al periodista Selig Harrison «lo más cercano a un terrorista que tiene el periodismo norteamericano» por haber enfocado relaciones poco claras de Perle, asesor en defensa, con la industria de defensa en un artículo publicado en The New Yorker.
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Dada la agresividad de los neoconservadores, y su preocupación por Israel, me aventuro a profetizar que una vez terminada la acción en Irak, y si el tema del Estado palestino ocupa el escenario central, las tensiones en el entorno del presidente serán más fuertes que nunca. Y en el juego de alianzas de ese entorno se puede resquebrajar la unidad de los conservadores, tan necesaria para el éxito político de la presidencia de Bush. Quizás, a medida que nos acerquemos a las elecciones presidenciales de 2004, la administración Bush II no será tan distinta de la administración Bush I, por eso de genio y figura juntos hasta la sepultura.
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Fte La Nacion
Por Mario del Carril
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