Declaró que, por medio del jeque, les dijo que era uno de diez hermanos de una familia, nueve de los cuales murieron en combate y eran «shahid» (sic), lo que significa mártires por la causa de Dios. Esto, entre musulmanes de la escuela shía, es lo máximo a lo que se puede aspirar como creyente. Dijo Barcia que a este integrante del Hezbollah, según sus propios dichos, «Allah no lo había querido recibir en su seno, encontrándose desconsolado debido a que, al contrario de sus hermanos, tuvo la oportunidad de convertirse en un «shahid» (sic), y no lo había logrado».
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Con respecto de Ana María Ribelli, el juez entendió que fue una de las que recibió un «llamativo» adelanto de la herencia de su padre el 11 de julio de 1994; un día después de que Telleldín se desprendió de la camioneta Trafic usada como coche-bomba. En esa escritura, Miguel Gregorio Ribelli, su padre, dejó constancia de haber entregado a sus cinco hijos 2,5 millones de dólares.
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«Como advertirá quien tenga acceso a la lectura de esta resolución, lo recién expuesto refleja un cuadro de situación a todas luces llamativo, que permite inferir la existencia de los lazos antes aludidos o preguntarse en todo caso si será éste el reino de las casualidades», dijo Galeano.
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Alguien superior
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El juez argumentó que pudo establecer que no todos los involucrados en el atentado deben conocer a todos los intervinientes en la trama.
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Por eso especuló que debe haber alguien en algún estrato superior de la conexión local que aún no fue descubierto ni por la policía ni por la SIDE.
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«No dejo de pensar en la existencia de una mente diabólica que seleccionó las piezas de este rompecabezas de manera distinta que en 1992. ¿Por qué no se compró una Trafic con un documento falso y se usó como coche bomba? ¿Qué necesidad había de «complicar» el atentado de suerte tal de que quedaran al descubierto infinitos bolsones de corrupción?», dijo.
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Galeano, apoyado en el testimonio de expertos internacionales sobre terrorismo e integrantes de la resistencia iraní exiliados en Europa, estableció que, desde 1990, el terrorismo cambió su metodología y comenzó a valerse de células policiales corruptas y del mundo del hampa para sus ataques.
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Estos elementos se conocen en momentos en que a partir de la semana próxima comenzarán a declarar en el juicio oral por el ataque terrorista los dos secretarios de Galeano, Susana Spina y Javier de Gamas, para determinar si hubo irregularidades en la investigación que realizó el magistrado.
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El proceso entró en «el área grande», según la comparación futbolística que eligió uno de los integrantes del tribunal para indicar que tras un año y medio de audiencias comienza la etapa de definiciones para arribar a un fallo, extensísimo, que se conocería en los próximos meses.
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Por Hernán Cappiello
La Nacion
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