Inicio MEDIO ORIENTE Análisis. Irán se derrumba en vivo: Teherán se hunde, los lagos desaparecen y los jóvenes están furiosos

Análisis. Irán se derrumba en vivo: Teherán se hunde, los lagos desaparecen y los jóvenes están furiosos

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN (Por Effi Banay/Yedioth Ahjronoth).- La pregunta «¿Acaso es inminente la revolución en Irán?» se ha escuchado en Occidente durante décadas, pero quien realmente quiera la respuesta no tiene que buscarla en informes de inteligencia, sino simplemente abrir el feed (flujo de contenido en las redes sociales).

Llevo varios años siguiendo las redes sociales en la República Islámica y la conclusión es clara: Instagram y TikTok no son solo aplicaciones, son el oxígeno de la Generación Z en ese país cerrado. (Los jóvenes) están mucho más conectados con el mundo de lo que imaginamos, y están furiosos.

Hasta hace poco, el feed iraní era una forma de escapismo. La mayoría de los videos eran chistes desenfadados sobre la vida cotidiana. Los creadores de contenido se burlaban del alto costo de vida o de antiguas costumbres como el Taarof, el agotador pero elegante arte persa por el que una persona rechaza cortésmente una oferta (como un pago o una comida) tres veces, incluso si se muere por ello, y la otra parte debe seguir ofreciéndoselo hasta que el espectáculo termine. ¿Pero qué pasó en el último mes? La risa terminó. El feed se ha convertido en clamor.

El cambio radical comenzó con la crisis de infraestructura. Empezó con la electricidad, cuyo suministro se interrumpía varias horas al día y continuaba con interrupciones en el suministro de agua. Pero todo eso quedó eclipsado por el verdadero monstruo: la crisis hídrica nacional que llegó tras seis años de sequía en el país. La nueva y escalofriante tendencia en el TikTok iraní son los videos de «antes y después». Miles de jóvenes suben fotos nostálgicas de ellos mismos nadando en enormes fuentes de agua azules, para luego pasar a la realidad actual: un desierto árido y agrietado.

El ejemplo más doloroso es el lago Urmía, el lago salado que alguna vez fue el más grande de Medio Oriente y el sexto más grande del mundo, ubicado en el noroeste de Irán, entre las provincias de Azerbaiyán Oriental y Occidental (no confundir con el país).

En el pasado, su tamaño era de unos 5.200 kilómetros cuadrados, más de tres veces el tamaño del mar de Galilea en su apogeo, y era una joya turística y ecológica. ¿Actualmente? Se ha secado casi por completo. Y la razón no es solo la naturaleza, sino principalmente la mano del hombre: el desvío descuidado de los ríos y la fallida administración del régimen durante años.

Por si fuera poco, en las últimas semanas las redes se han inundado de imágenes de enormes incendios forestales. La combinación de calor extremo y sequía está incendiando la zona y el régimen se encuentra indefenso. No hay aviones, ni equipo, y lo peor de todo: no hay agua para apagar el fuego.

Pero el verdadero drama ocurre bajo tierra. Como resultado de la excesiva extracción de agua subterránea para compensar la sequía, el suelo de Teherán está empezando a hundirse. Este proceso, que recuerda a los socavones del mar Muerto, pero a escala urbana, está provocando que el suelo de la capital se hunda a un ritmo alarmante de unos 30 centímetros al año.

En videos subidos dentro de la ciudad, donde viven unas 15 millones de personas, y sus alrededores se pueden ver baches abriéndose en medio de la calle o la vereda. La situación es tan grave que el presidente Masoud Pezeshkian ya ha advertido públicamente que pronto podría no haber otra opción que evacuar Teherán y construir la capital en otro lugar. Piénsenlo por un momento: la evacuación de toda una metrópolis donde viven unos 15 millones de personas debido a un deslizamiento de tierra.

La crisis ecológica se suma a una grave crisis económica. La activación del mecanismo de «reinicio automático» (el restablecimiento de sanciones internacionales) ha disparado los precios de los alimentos. Esta angustia también ha sacado de la apatía a las personas un poco más grandes, aquellas ligeramente por encima de la Generación Z. Se unen a los jóvenes en videos desesperados, pidiéndole al gobierno que simplemente despeje el camino. Y aquí surge un elemento fascinante: la nostalgia. A diferencia de la generación anterior, que vivió la revolución, la generación más joven no conoció al sha. Solo tienen las historias de sus padres y abuelos, y las comparaciones en Internet son fatales para el régimen actual.

La tendencia actual es la pantalla dividida: por un lado, el inglés torpe y confuso del gobierno actual frente a entrevistadores extranjeros, y por el otro, el inglés perfecto, elocuente y aristocrático del sha.

La comparación incluso se extiende a la moda: los jóvenes admiran los trajes modernos y la vestimenta meticulosa de la época del sha (que aún parecen relevantes hoy en día), en comparación con las túnicas descuidadas y los chadores negros asociados con el régimen de los ayatolás.

Sorprendentemente, la guerra con Israel también se ha convertido en un tema viral, pero no de la forma en que uno podría pensar. Los videos no instan a la destrucción de Israel, sino todo lo contrario. Los jóvenes iraníes miran directamente a cámara, con el rostro despejado y sin miedo, y le envían un mensaje a Jerusalem: «No hace falta atacarnos. Es una pena por vuestros misiles. Este régimen destruirá Irán por sí solo, sin vuestra ayuda».

Los símbolos también están volviendo a las calles. La bandera «del león y el sol», la antigua bandera iraní de la que el régimen actual borró el símbolo para erradicar la memoria de la monarquía, se iza ahora en las manifestaciones como un claro desafío. Los cánticos de «Reza Sha, que en paz descanses» se escuchan en cada manifestación, y carteles con imágenes de Khomeini y Khamenei arden cada noche, mientras las grabaciones se vuelven virales en cuestión de minutos.

Todos estos son signos muy alentadores para nosotros y para el pueblo iraní. El disgusto hacia el régimen ha llegado a un punto de ebullición. Pero, y aquí hay un gran dolor, no debemos olvidar a quién nos enfrentamos. Este es un régimen mesiánico, que santifica la muerte sobre la vida.

El verdadero temor es que para frenar la deriva interna y unir al pueblo, el régimen busque un «enemigo común» (adivinen quién) y lo ataque. A pesar de saber que el precio será alto y que los ciudadanos lo pagarán de nuevo, el régimen de Teherán ha demostrado en el pasado que está dispuesto a sacrificarlo todo, incluido a su propio pueblo, en aras de la supervivencia del régimen.

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