Términos como «traición», «trampa» o «truco sucio» son algunos de los calificativos usados hoy por los seguidores más fieles de Netanyahu para definir la decisión de Sharón a fin de quitarle, a último momento, la prestigiosa cartera de Exteriores.
Entrampado entre las exigencias de uno y otro político, y las promesas de remunerar a sus allegados, Sharón se ha visto contra las cuerdas para satisfacer a todos los dirigentes de su partido, el Likud, y hacer el siempre problemático reparto de carteras.
Así, ha ofrecido a Netanyahu, su ex rival por el liderazgo del Likud, la cartera de Finanzas, una de las más polémicas debido a los recortes presupuestarios que deberá efectuar para paliar la crisis económica, lo que le garantizaría el rencor de sus colegas y de la población.
Netanyahu, que sigue aspirando a liderar el Likud en el futuro y conoce las consecuencias públicas de esa cartera, le contestó en principio que no, pero después dijo que lo reconsideraría.
A lo largo de la jornada observadores locales se mostraron sorprendidos de la maniobra de Sharón, y consideraron que su objetivo era quitarse de en medio a Netanyahu.
Pero la Oficina del primer ministro dio a conocer esta tarde el contenido de una carta enviada a Netanyahu en la que Sharón le ofrece asimismo el cargo de viceprimer ministro y ser miembro del Gabinete reducido para Asuntos de Seguridad, por lo que aparentemente la oferta no tendría «malas intenciones».
«En las circunstancias que vive el país, el primer ministro considera la cartera de Finanzas una de las más importantes, y el Sr. Netanyahu tiene el talento, experiencia y habilidad para cumplir con éxito esa función», decía el comunicado de la oficina de Sharón.
Pero los seguidores del ministro saliente de Exteriores siguen viendo una «traición» el hecho de que Sharón rompiera un pacto entre caballeros -que no promesa- de dejar la diplomacia israelí en sus manos, y que pasa ahora a las de Silván Shalom, ministro saliente de Finanzas.
Si Netanyahu llegase a rechazar la oferta que le ha hecho el primer ministro, el Ministerio de Finanzas estaría dirigido por Ehud Olmert, quien renunció esta semana a la alcaldía de Jerusalén para engrosar las filas del nuevo Ejecutivo.
Olmert dirigió la campaña de Sharón en las últimas elecciones y es uno de los «delfines» del primer ministro.
Sharón informó hoy a la Presidencia del Estado de que ya ha formado su Gobierno y que lo presentará al Parlamento el próximo lunes.
El Likud ha rubricado con los líderes del Partido Nacional Religioso, el anticlerical Shinui y la coalición ultraderechista Unión Nacional una alianza que le proporcionará una mayoría de 68 de los 120 diputados.
La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ya ha expresado su preocupación por el carácter ultraderechista de la coalición, y varios de sus portavoces advierten de que será imposible negociar con ella una iniciativa de paz.
Y es que el nuevo Gobierno israelí incluye a varios ultraderechistas en las principales carteras, como es el caso de Defensa, que continuará en manos del general retirado Shaul Mofaz.
En la de Educación, otra de las más codiciadas, seguirá la ministra Limor Livnat, mientras que Tzahi Hanegbi obtiene la de Seguridad Interior, todos del Likud.
Nueve de las carteras que tendrá el nuevo Gobierno -su número final no se ha decidido aún- van a parar a manos de los socios de la coalición.
El periodista Yosef Lapid, líder del partido revelación de las elecciones, el frente anticlerical Shinui (Cambio), será titular de Justicia, y su segundo en la lista, Abraham Poraz, de Interior.
Por su parte, el partido ultraderechista Unión Nacional se hará cargo de los ministerios de Transporte y Turismo, mientras que el Partido Religioso Nacional (PRN) se encargará de los ministerios de la Vivienda y de Bienestar Social.
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