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La ayuda no se toma vacaciones

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La crisis afecta de manera muy singular a los niños. Lamentablemente, cada vez son más los que sólo reciben una alimentación adecuada a través de la escuela. Durante las vacaciones, esta necesidad queda descubierta y resulta imprescindible continuar garantizándola; una responsabilidad que muchas familias no pueden afrontar. Los más pequeños se ven afectados en sus necesidades básicas como la nutrición, pero también en otros niveles que intervienen en la base de su crecimiento, como el juego y la socialización. Brindar un marco de contención durante los meses de receso escolar es de vital importancia para que los niños continúen su desarrollo físico, mental y social, estimulados por el entorno donde esto se realiza.
Las colonias funcionan durante todos los días, entre los meses de diciembre y febrero. En estos espacios, los chicos acceden a variadas actividades de recreación, dentro de un marco comunitario judío. Esto permite cumplir con más de un objetivo; por un lado aliviar la preocupación diaria de muchas familias de tener que brindar esparcimiento a sus hijos durante el intervalo de clases. Y por el otro, acercar y contener a los chicos y sus familias dentro de marcos judios, fortaleciendo a su vez el futuro y la continuidad de la comunidad local.
La debacle económica dejó a muchos aislados de la vida comunitaria, debilitando los lazos hacia la vida judía y sus valores. Las colonias de vacaciones al tener un alto grado vivencial resultan experiencias que fortifican la identidad y la personalidad de los chicos; así como su vínculo con los pares y con lo comunitario. Por otra parte, los subsidios entregados por el Joint a las instituciones, permitió que muchos niños que estaban por fuera de la red comunitaria, se acerquen y tomen contacto con los valores judíos.
Desde el Joint fortalecer la vida judía es parte de la misión global, y es una dimensión que se suma a la respuesta otorgada ante la emergencia. El desarrollo de este tipo de programas especiales permite a las familias acercarse y en muchos casos reincorporarse a la vida comunitaria, reestableciendo los vínculos con el judaísmo.
Gracias a esta propuesta, se alivian necesidades de los más vulnerables y se resguarda la niñez para que ésta sea una etapa de maduración y pleno desarrollo, en la cual no se perjudique la inocencia ni se limite la capacidad de reír y de jugar.

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