Lo cierto es que, a día de hoy, Ariel Sharon no parece haber convencido a la opinión pública israelí de su buena fe, pese a su duro contraataque televisado de ayer contra las acusaciones de corrupción lanzadas contra él y contra su partido, el Likud, en plena campaña electoral para las legislativas del 28 de enero.
La rueda de prensa de ayer de Sharon, que se convirtió de hecho en una acusación a sus rivales políticos, obligó al presidente de la Comisión Central Electoral, el juez Michael Heshin, a tomar la inédita decisión de ordenar la interrupción de la retransmisión en directo de la comparecencia del primer ministro, por considerarla, literalmente, un acto de «propaganda política».
Este incidente desencadenó una nueva polémica. La prensa israelí juzgó hoy con dureza el comportamiento del primer ministro y calificó sus explicaciones de demasiado vagas como para poner fin al escándalo del ‘Sharongate’.
El diario ‘Yédiot Aharonot’, de gran tirada en el país, escribió que Sharon «perdió una ocasión única de disculparse» y se lanzó a acusaciones «histéricas» en lugar de responder punto por punto al tema. El rotativo cree que el primer ministro se ha desenmascarado con el uso de un lenguaje brutal que había evitado en los dos años que lleva gobernando el país.
Durante la rueda de prensa, Sharon calificó de «calumnias despreciables» las acusaciones de corrupción lanzadas contra él por el diario ‘Haaretz’, según las cuales el primer ministro habría recibido un préstamo de 1,5 millones de dólares por parte de un empresario surafricano con los que reembolsar las contribuciones ilegales recibidas por su candidatura durante las elecciones primarias del Likud en 1999.
Las condiciones en que se concedió el préstamo, que se hen convertido en objeto de una investigación judicial, han puesto a Sharon y a sus dos hijos, Omri y Gilad, en una situación embarazosa. Sharon se ha defendido presentándose como un hombre honesto de recursos humildes, afirmando que no estaba al corriente del préstamo y acusando al líder y candidato del Partido Laborista, Amram Mitzna, de pretender derrocarle del poder «por todos los medios».
Según un sondeo publicado hoy por el diario ‘Maariv’, una mayoría relativa de israelíes (43 por ciento) considera que Sharon está implicado en los escándalos, frente a un 31 por ciento que opina lo contrario y un 26 por ciento que sencillamente no opina.
Fte E.Press

