El Gabinete de Seguridad autorizó en reunión extraordinaria al primer ministro Ehud Olmert, y al titular de Defensa Amir Peretz, a pautar las directivas a impartir al sistema de seguridad de Israel, a fin de continuar preparando la actividad prolongada y escalonada destinada a liberar al soldado secuestrado Guilad Shalit y a detener el disparo de cohetes Kasam desde la Franja de Gaza.
Las medidas para impedir disparar los cohetes pueden llevar al establecimiento de una «zona de seguridad´´ en el norte del territorio de Gaza, con la intención de impedir que los disparos se hagan desde donde tienen el alcance para llegar a centros poblados, como Sderot y ahora también Ashkelon.
Entre las medidas adoptadas, según trascendidos extraoficiales, están las de atacar a Hamás en Gaza y en Cisjordania, especialmente a través de ataques a establecimientos e infraestructuras que se ocupan de actividades terroristas.
También se decidió continuar con las ejecuciones preventivas y los ataques a unidades que disparan cohetes. Se limitará aún más los movimientos de unidades terroristas al continuar con la acción de dividir a la Franja impidiendo el tránsito entre sus partes. En cuanto a la parte política y diplomática -el Gabinete atiende cuestiones de Seguridad y de Relaciones Exteriores- se autorizó a la titular de esa cartera, Tzipi Livni, a continuar con la presión diplomática a través de la comunidad internacional y de cara a las autoridades sirias, para lograr la liberación de Shalit.
También se decidió evitar en la medida de lo posible ataques a la población civil no inmiscuida en actividades bélicas o terroristas, y tratar de dar una solución inmediata a las necesidades vitales y humanitarias de la población civil.
El comunicado de la Oficina del Primer Ministro reitera: «Nuestra postura fue y sigue siendo que no habrá negociación en torno a la liberación de presos (palestinos) a cambio del soldado secuestrado, e Israel ve en la Autoridad Palestina a la responsable de la restitución de Guilad Shalit a su hogar sano y salvo´´.
El ministro que se dignó a hablar después de la reunión fue el titular de Turismo Itzjak Herzog (Laborismo) y fue lacónico: «Habrán medidas muy duras´´.
Es que el Gabinete se reunió por primera vez desde que lo hiciera inmediatamente después del secuestro de Shalit, y lo hizo a la sombra de la caída de un misil de mayor alcance en una escuela de la ciudad sureña de Ashkelon.
Olmert condenó ese ataque como «la principal escalada en la guerra del terrorismo de la cual es responsable Hamás´´. «Su objetivo fueron civiles que residen en el territorio soberano de Israel´´, sentenció.
El premier advirtió que «Hamás será el primero en sufrir las graves consecuencias del ataque´´.
El Gabinete de Seguridad, según las fuentes del Gobierno, también decidió una ofensiva general contra Hamás en Gaza y Cisjordania, y para decidir en qué consistirá se ha convocado a una reunión secreta aparte.
La semana pasada la aviación atacó las oficinas del premier de Hamás Ismail Hanie y de su ministro del Interior Said Siam, amén de otros objetivos de la organización fundamentalista.
El ataque contra Ashkelon pareció desplazar a segundo plano las gestiones diplomáticas para lograr la liberación de Guilad Shalit. El cohete, montado en talleres de Gaza, es un modelo mejorado de los conocidos. Portavoces de Hamás han advertido en Gaza de que «el ataque contra Ashkelon es un primer paso, y que cuenta con otras sorpresas´´ para Israel.
Según versiones en círculos israelíes, Hamás está formando y entrenando un verdadero ejército en Gaza. Un comunicado de la organización aseguraba esta semana: «Ríos de sangre correrán por las calles de Israel si sigue atacando a los palestinos´´.
Detrás de la acción de Tzáhal se mantiene una acalorada discusión en torno a los objetivos a lograr y los precios a pagar.
Los círculos militares, que influyen a su vez en la opinión pública a través de algunos de los periodistas que rescatan como información sus versiones, exigen una acción más decidida contra Hamás, con un gran despliegue de fuerzas y una ocupación por tiempo ilimitado de grandes partes de la Franja de Gaza.
Lo que sucede es que el secuestro de Shalit ha coincidido con los preparativos militares para una acción que buscaba como objetivo inmediato provocar el cese de los disparos de cohetes sobre Sderot -y ahora también en Ashkelon- y, en caso de estimarlo necesario, cambiar la estrategia aplicada hasta ahora y llevar a la caída del Gobierno de Hamás en la Autoridad Palestina. Esa caída podría sumir a la AP en un estado de anarquía y de luchas internas, llegando incluso al extremo, según algunos observadores, de desmoronar la estructura de todo el aparato.
El Gobierno, sin embargo, con Livni al frente de la postura contraria, se ha opuesto a esa estrategia considerando que puede actuar como un bumerang, al crear un caos institucional por un lado, y un problema humanitario por el otro.
Las Fuerzas Armadas también insisten en obtener permisos para continuar con medidas severas, como las ejecuciones selectivas de terroristas y también de dirigentes, incluidos los de Hamás, que por ahora han sido sólo detenidos.
Si bien Olmert amenazó a los dirigentes de Hamás advirtiendo que serían los primeros en sentir el peso de las reacciones israelíes, la oposición a medidas demasiado severas por parte de la comunidad internacional, así como los efectos de la seguidilla de errores que provocaron las muertes de civiles palestinos, han detenido y moderado las reacciones, lo que ha creado un clima de descontento en círculos castrenses.
Se sospecha que a raíz del reciente ataque a Ashkelon, el Gobierno cederá parcialmente a las solicitudes del Ejército, para que las respuestas sean «más dolorosas´´.
Aurora

