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Representante en Latinoamérica de la OSM propone “trabajar juntos para fortalecer la identidad judía”

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Itongadol.- La entrevista del representante para América Latina de la Organización Sionista Mundial [OSM], Itamar Sternberg, con Itongadol para hacer un balance de sus primeros meses de gestión y proyectar su labor en 2017 debió posponerse unos minutos porque Martín Levy, Carolina Glazer y Jessica Brojt [todos en la foto] llegaron para saludarlo y despedirse justo cuando estaba por comenzar.

Esa inusual actitud obligó a cambiar la primera pregunta…

– ¿Qué significa para un funcionario del Estado de Israel el compartir el momento en que tres jóvenes están por hacer aliá?

– En principio, me pone muy contento, orgulloso… Esto quiere decir que, al fin y al cabo, pude tocarlos. Porque vine a un país y una kehilá tan grandes… Los primeros meses fueron para conocer, estudiar y llegar… Y vi que, sin querer, a esta chica llegué tratando de conocer kehilot y a este chico porque fui a su casa. Quiere decir que, al fin y al cabo, lo que hacés llega… Pudiste cambiar e influir un poquito. No digo que tomaron la decisión por mí…

– ¿Cuál es la función de quien representa a la OSM en la región?

– La OSM viene a trabajar en conjunto, a buscar la formar de fortalecer la identidad judía y sionista y el idioma hebreo en el Am Haiehudí. Ojalá que, al final, todos hagan aliá… Atrás de esta frase hay muchísimo trabajo y preguntas; no para todo hay respuestas… Sabía y sé a lo que quiero llegar, pero cuando salís al camino, hace como medio año, empezás a buscar… Nunca te olvidás por qué saliste al camino, ésas son las fuerzas que encontrás. Me refiero al rol que estoy ejerciendo hoy…

– Lo que hace hoy no se realiza con las mismas herramientas que años atrás…

– Por un lado la respuesta es no, pero siempre es un sí y un no: el mundo cambia, pero los valores no. Son valores. El sionismo nunca termina, pero pienso que en la vida no importa qué hacemos, al fin y al cabo lo hacemos por quiénes somos y en qué queremos influir, o cómo queremos ver qué va a pasar mañana. Por eso elegí la educación como mi segundo cargo. Una vez que elegís educación, decís: “me importa cómo va a estar mi país mañana”. Quiero tratar de influir. Eso sí cambió en la nueva generación: ya no es como antes, que alguien entraba y te decía “fijáte lo que tenés que pensar”; hoy hay que hacerlo juntos…

– ¿Cómo fue su acercamiento a la Kehilá?

– No vine a educar, sino a conocer las comunidades y tratar de llegar a ellas. Acá hay una historia y una tradición y hay que ser parte de las actividades. Ahí entra lo que traigo conmigo: mi historia, mi experiencia como alguien que estuvo en el ejército durante muchos años o que hizo aliá. Soy alguien que creció en una casa donde sus padres no hablaban hebreo. Mi mamá nació en Uruguay e hicimos aliá en 1972, y pienso que esa valija es lo que traigo… Entonces, hay que sentarse, pensar y ver cómo llego, cómo conozco, cómo me reúno, cómo tengo charlas, cómo estudio… Siempre se empieza por estudiar. Hay que hacer Shabat, hay que ir a las actividades… y en cada lugar pido estudiar y dar mi opinión. No vine a cambiar, vine a dar lo que puedo para llegar adonde queremos. Hay una kehilá divina, pero pasaron los tiempos: menos van a colegios judíos, menos estudian hebreo, menos saben hebreo de casa, se enseña menos hebreo en el colegio, hay menos horas de educación judía… Menos van a las tnuot noar y se quedan con los clubes, entonces voy a verlos. Conozco, soy parte de la clase, doy mi opinión, me escuchan… Entonces decidimos que estamos de acuerdo en fortalecer el hebreo, que vamos a hacer una charla de Shoá… Soy profesor de Historia, entonces doy lo que conozco. Como fui muchas veces a Polonia como rosh mishlajat (jefe de delegación), entonces voy a Jabad a dar dos charlas: una de historia y otra de cómo son las relaciones de alguien que viaja de la Diáspora a Polonia. Y puedo hacer una charla de Torá, de historia de la jebrá (sociedad) de Israel, de la situación actual en Israel, y juntos miramos cómo podemos fortalecer algo…

– Cuando se hacía su trabajo hace 20 años quizás era más fácil… ¿Ahora se necesita un análisis para poner en funcionamiento su rol?

– Estoy de acuerdo. Por un lado, me tocó muchísimo que esos chicos que se van a Israel vinieran a despedirse de mí. Eso quiere decir que en este poco tiempo pude tocar algo… La decisión no es mía, es de ellos. Por otro lado, todo cambió. Lo digo como profesor: entro a la clase y antes era más fácil. Hace 30 años, cuando me retiré del ejército y fui a estudiar para ser profesor, en la clase había una caricatura donde el padre agarraba del oído al hijo delante del director y le decía: “Si otra vez el director me dice que hiciste tal cosa, te arranco la oreja”… La de ahora es que el papá agarra la oreja del director y le dice al hijo: “Si el director te llega a decir otra vez tal cosa…”. Hoy nada es obvio… Antes un maestro entraba a la clase y era obvio que era la autoridad que sabía todo. Hoy Google sabe todo… No podés luchar contra eso, entonces tenés que cambiar. El sionismo cambió. Si el sionismo nació hace 120 años para hacer un país y lo hicimos un país, ¿entonces no se lo necesita más? No es así.

-¿Cómo es el sionismo ahora?

– El sionismo es un trabajo que nunca termina porque ser un país, ser una Kehilá, saber dónde querés estar mañana es algo que nunca se termina. Hay que identificar quién quiero ser y trabajarlo porque no pasa automáticamente…

– ¿Israel está actualizando sus herramientas?

– Sí. La División de Actividades en la Diáspora hizo una actividad sobre Leonard Cohen, hace 30 años habrían preguntado qué tiene que ver con el sionismo. Hacemos actividades para cosas que son obvias, como fortalecer el idioma hebreo, pero, ¿cómo se enseña hoy Israel en los colegios judíos de la Diáspora? ¿Qué enseño? ¿Símbolos? ¿O traigo a la mesa discusiones que tenemos y no estamos seguros de dónde queremos estar? Hace 30 ó 40 años Israel era más símbolos, que tocaban a cada uno. Hoy se realizan muchas más preguntas, ya no me puedo quedar con símbolos. Tengo que traer la discusión, escuchar otras opiniones…

– ¿Cómo vio en este sentido a la región latinoamericana en estos seis meses en el cargo?

– Voy a hablar de tres países -Argentina, Chile y Uruguay- donde es muy claro quién es parte y quién no. Si estudia en un colegio judío o va a un club o una sinagoga, a su manera se siente parte. Y está el que no se siente parte. Esto pasa en todos lados, pero más en la Argentina. Es muy importante llegar a esos que no son parte y tratar de atraerlos. Hay muchas respuestas de por qué no son parte, pero ahí estamos perdiendo porque cada día hay más porque menos van a estudiar a colegios judíos porque son caros… Ahora, en Chile la comunidad es chica -más o menos 12.000 personas-, pero está arrollada por 500.000 palestinos que no les dejan olvidar que son judíos. Esa amenaza los hace concentrarse en dos o tres colegios y algunas kehilot. Igual en Uruguay, una kehilá que sigue siendo muy sionista… En la Argentina está Buenos Aires y el Interior, que es una diáspora en la Diáspora que se está achicando… Menos del 20 por ciento estudia en un colegio judío y ya hay algunos cuya directora no lo es. Cuando pasan las generaciones, el chico ya llega sin ejemplos en casa de qué es judaísmo, sionismo, hebreo, identidad y de qué es ser parte. Por eso el trabajo tiene que ser profundo y conjunto, con la colaboración de una kehilá que diga “queremos estar aquí mañana”. Trabajo con Macabi, Hacoaj, FACCMA y el Seminario Rabínico y hablé con los rabanim [ortodoxos Isaac] Sacca, [Ezra] Chueque y [Abraham] Serruya porque cada comunidad es divina y trata de fortalecerse. Si ya tienen un grupo que viaja a Israel, vamos a ver qué más puedo darle… “traer” a Israel, fortalecer un poquito el idioma, mi punto de vista como alguien que enseñó sobre la Shoá y qué significa viajar a Polonia desde la Diáspora sabiendo que existe Israel, algo que sus víctimas no tenían…

– ¿Cuál es su mensaje a la Kehilá argentina?

– Sé que el pueblo judío se mantuvo más de dos mil años en la Diáspora porque supo conservar su identidad, cada uno a su forma, y pienso que hay que trabajarla así como se hace en Israel. Ver que la Organización Sionista Mundial está aquí para hacer juntos un trabajo para fortalecer eso que a veces y por muchísimas razones está desapareciendo o aflojando, con distintas actividades. Por ejemplo, hay que hacer un trabajo grande para fortalecer a los chicos de 25 a 35 años porque ellos van a ser los responsables de las kehilot de aquí si no hacen aliá. Como sus mayores tenemos que estar preocupados por quiénes van a ser los próximos líderes. Tiene que ser un trabajo profesional sobre qué es el liderazgo, y el judío, qué es formar parte y ser responsable de una comunidad, el networking [red de contactos] que tiene que haber entre los líderes de la kehilá… Ahora, no es que vengo de Israel porque no saben hacerlo… La palabra “ustedes” no existe acá, somos “nosotros” y vine a traer mis herramientas para ayudar. Estamos preocupados y dispuestos a dar una mano junto con el Keren Kayemet, CUJA, la Sojnut, la Embajada…

– ¿La suya es una gestión de puertas abiertas?

– Por supuesto. Vienen de todos lados y tienen que sentirse cómodos…

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