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Juez Rafecas: Desde la embajada de Irán se financia a muchas agrupaciones, y D’Elía no es ajeno a ello

30.03.2011 14:14  | 

El juez federal Daniel Rafecas aseguró estar “convencido de que desde la embajada de Irán se financia con mucho dinero a muchas agrupaciones, y (el dirigente social kirchnerista Luis) D’Elía no es ajeno a ello”, en el marco de la primera actividad del año organizada por la Sociedad Hebraica Argentina y la Agencia Judía de Noticias, en un colmado salón Dorado de la sede Pilar de la primera, con motivo del 35º aniversario del inicio de la última dictadura militar.
“Seguramente, a cambio de dinero este señor empieza a hablar en contra sin tener mucha idea ni tampoco calibrar la marginación política que sufrió, a partir de ese gesto, de buena parte de la clase política”, agregó el magistrado.
Por su parte, la sobreviviente de la Shoá y madre de Plaza de Mayo Sara Rus recordó que al controvertido defensor de Irán “le escribí una nota, preguntándole si se atrevía a hablar conmigo, porque está negando el Holocausto y a la gente que sobrevivió a la guerra”.
Ello fue tras el viaje de D’Elía a ese país y el encuentro con su presidente, Mahmoud Ahmadinejad.
“Como judía no tengo miedo porque soy una sobreviviente de la última guerra”, aseveró.
Rus también relató que cuando “la Presidente (Cristina Fernández de Kirchner) invitó a la Casa de Gobierno a una delegación de judíos por el Año Nuevo, le dije que me duele que haya personajes que estén negando el Holocausto”.
Si bien “no mencioné personas porque conozco las relaciones que tienen con (el presidente venezolano, Hugo) Chávez y demás, imagínense que ella se dio cuenta de a quiénes me refería”, añadió.
Asimismo, Rafecas contó que “hace un par de años me tocó atender una denuncia penal por unos desmanes y actos realizados por una organización social medio desconocida, creo que frente a la embajada de Israel”.
“Se había identificado a por lo menos una docena de personas y me puse a investigar a fondo quiénes eran”, para lo cual los “hice venir a todos a declarar al juzgado”, prosiguió.
En las indagatorias el juez advirtió que “era gente que vivía en el segundo cordón de la Provincia de Buenos Aires, apenas podía leer y escribir, no tenía la menor idea de dónde está Palestina ni qué pasaba con Israel, y en su vida había visto una estrella de David”.
Algunos de los imputados declararon haber sido llevados allí “por un abogado o un militante” y “todo indicaba que había sido por dinero”, precisó Rafecas.
El juez puntualizó que, al menos en una oportunidad, hubo “en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, donde trabajo, personas repartiendo dinero” a otras para “insultar al Estado de Israel y solidarizarse con Palestina”.
“Fue filmado y lo vi”, enfatizó.
Previamente, Rus brindó un corto testimonio sobre los padecimientos que sufrió, junto con su familia, durante la Shoá, primero en el gueto de Lodz y luego en los campo de exterminio de Auschwitz y de concentración de Mauthausen.
Emocionada, la sobreviviente relató el fallecimiento por inanición de un hermanito recién nacido en el gueto y cómo logró evitar que su madre fuese enviada a la muerte en Auschwitz.
Rus se casó después de la guerra y viajó con su madre y su esposo a Sudamérica porque tenía un tío en la Argentina, país al cual ingresó clandestinamente desde Paraguay.
También contó que su hijo Daniel Lázaro, un físico nuclear que trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica, fue raptado en la puerta de ese organismo el 15 de julio de 1977, a partir de lo cual comenzó un nuevo suplicio en su vida, que la llevó a integrarse a Madres de Plaza de Mayo.
“Empezamos las marchas y a exigir justicia -recordó Rus-, pero desgraciadamente no la obtuvimos” entonces, si bien “con el tiempo, ahora se está condenando a los asesinos”.
“Todavía falta mucho, pero espero que sigamos teniendo el apoyo del gobierno y que se pueda condenar a todos”, anheló.
La madre de Plaza de Mayo trata “de hablarles a jóvenes de colegios y universidades de la doble memoria que por desgracia tengo, por el Holocausto y mi hijo desaparecido, y les ruego que mantengan siempre presente la memoria, porque si la pierden esa desgracia puede volver”.
“Las respuestas que tenemos son extraordinarias porque la gente nos escucha”, sintetizó.
Por su parte, Rafecas comenzó por explicar los tres motivos por los cuales se interesó y comprometió en el tema de la Shoá, que tienen que ver con una triple calidad de ciudadano: de Occidente y la modernidad, de la cual el nazismo fue producto; de Latinoamérica, que le cerró sus puertas a los judíos perseguidos; y de la Argentina, donde se les prohibió a los cónsules el visado de “ciudadanos europeos que fueran perseguidos políticos”, un eufemismo utilizado para evitar el ingreso de refugiados judíos.
Para el juez, “el papel de la Argentina antes, durante y después de la Shoá fue tristísimo” y “tiene que reivindicarse con su comunidad judía y con la comunidad judía universal”.
“La gran mayoría de los refugiados que llegaron a partir de 1945 lo hicieron por vías ilegales”, precisó.
Según Rafecas, a partir de la revolución de 1930 se instaló en el país una concepción que “procuraba una total homogeneidad en el ser nacional, buscando una única etnia y religión y una depuración de todos los elementos asociales o extraños a esta idea, guiada por el ‘partido militar’ y la Iglesia católica”.
De ese modo “se estaba construyendo un Estado autoritario, excluyente, integrista, antidemocrático” que se acrecentó a partir de la revolución de 1943, agregó.
Para el juez, “este modelo de país, con sus interrupciones en los períodos democráticos, volvió durante las dictaduras de Onganía y Lanusse, y por supuesto, su último y definitivo intento fue la (instaurada) a partir del 24 de marzo de 1976”.
Esto “explica, a mi juicio, la ferocidad y crueldad que tuvo esta última dictadura respecto a los perseguidos políticos, los ‘enemigos’ que intentó eliminar del todo”.
“La emergencia de cientos de centros clandestinos de detención y tortura, la práctica sistemática de la desaparición, el robo de bebés y muchas otras cuestiones abyectas obedecen a toda está tradición autoritaria que padeció la Argentina durante casi todo el siglo XX, de la cual surgieron miles y miles de represores convencidos de lo que estaban haciendo, desde un cabo hasta un general de división, en las fuerzas armadas y de seguridad, en la parte religiosa y en la civil”, todos los cuales “son objeto de juzgamiento en estos años”, teorizó Rafecas.
“No es de extrañar, entonces, la muy destacable cuota de antisemitismo que predominaba en la represión de la última dictadura militar”, aseveró el magistrado.
Rus y Rafecas firmaron el Libro de Honor de Hebraica y recibieron presentes a modo de agradecimiento.
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