• Imprimir
  • enviar
  • Disminuir tamaño texto
  • Aumentar tamaño texto
  • Compartir

Tottenham - Ajax: la semifinal judía que abre la Champions

30.04.2019 18:46  |  Orfeo Suárez  |   | Fuente: El Mundo

 Itongadol.- Los consejeros de Cruyff, los dirigentes escondidos durante el Holocausto y los obreros de East End, protagonistas en el crecimiento de los clubes de Amsterdam y Londres.

«¡¡Hamas, Hamas, judíos al gasssss!!» Los aficionados del Ajax han escuchado ese cántico repetidas veces por parte de los ultras del Feyenoord. La última palabra, gas, se prolonga con un silbido que imita el sonido producido por la salida del Zyklon B en las cámaras de Auschwitz. Lo de menos es si esos seguidores son o no judíos. Tampoco importa a los radicales que su ciudad, Rotterdam, fuera reducida a cenizas por la Luftwaffe, en 1940, para provocar la rendición de Holanda a los nazis. Lo que importa es que algún día lo fueron, como prueba el hecho de que su primer gran extremo, Eddy Hamel, muriera en el campo de exterminio, en Polonia. Nadie tiene tantas vidas como el odio.

El Ajax no es el único equipo que sufre ataques de signo antisemita. El club de Amsterdam jamás se ha posicionado públicamente, pero nacido en la ciudad que se convirtió en refugio de gran parte de la comunidad hebrea expulsada de otros lugares de Europa, la intervención de judíos en su construcción fue clave. El Tottenham Hotspurs, su rival, este martes, en las semifinales de la Champions, es otro caso. Aunque fuera creado por un pastor anglicano, producto de la fusión de equipos de fútbol y de cricket, entre sus integrantes eran mayoría los hijos de los obreros judíos que se concentraban en el East End y los barrios del norte de Londres. Lo es, hoy, su presidente,Daniel Levy, aunque la identificación más controvertida es la de sus hooligans, que se hacen llamar la Yid Army, el ejército judío.

Un gallo sin cresta, en honor a los gallos de pelea, es el escudo de los Spurs, al que sus seguidores han unido la estrella de David, la misma que a menudo se despliega en el Johan Cruyff Arena, como tiempo atrás en el viejo De Meer. En White Hart Lane, este martes, y una semana después en el estadio del Ajax podrán observarse para preocupación de la UEFA y de los propios clubes, mientras semejante exhibición produce sentimientos encontrados en la comunidad judía: desde el orgullo por la exaltación a la indignación por la frivolidad y la instrumentalización.

NI ESTRELLAS DE DAVID, NI CRUCIFIJOS

«Si yo, como judío, exhibiera un crucifijo como arma arrojadiza, no creo que a ningún cristiano le pareciera apropiado», explica Abraham Bengio a este periódico en el centro Sefarad de Madrid, donde imparte una charla sobre antisemitismo. «Que muestren estrellas de David con esa intención está fuera de lugar y es peligroso», insiste este miembro de la Liga antisemita de Francia.

«Salvo el Maccabi, en Tel Aviv, no existen grandes clubes en la élite mundial que se declaren judíos propiamente dichos, aunque ello no implica su conexión por otras razones, historia, colectivos o hasta capitales. A menudo sufren ataques verdaderamente horribles, pero eso no debería contrarrestarse del mismo modo», añade Bengio.

EL ENTORNO JUDÍO DE CRUYFF

La figura de Cruyff, icono del Ajax, personifica bien la lógica e inevitable relación de un club, una asociación civil, en realidad, con la sociedad en la que emerge. No era judío, pero tenía parientes políticos que lo eran y estuvo rodeado de otros que fueron clave en su carrera. Para empezar, el masajista que encontró al llegar a De Meer, donde su madre fregaba el vestuario y lavaba la ropa de la plantilla. Para aquel adolescente huérfano de padre, Salo Muller fue un protector. Más adelante, su suegro y consejero, Cor Coster, descendiente de talladores de diamantes que crearon la firma Coster Diamonts. Por último, Jaap van Praag, cuyo apellido quiere decir «el que llegó de Praga», otra de las ciudades de mayor población hebrea y más golpeadas por el Holocausto. Van Praag fue el presidente que se reunió, primero, con Santiago Bernabéu, y después con Armand Caraben, gerente del Barcelona, para firmar el traspaso de Cruyff. El dirigente había permanecido escondido durante la persecución a los judíos en la Holanda ocupada gracias a un jugador del club, Wim Schoevaart. Corrió mejor suerte que su compatriota Anna Frank, pero al acabar la guerra había perdido a sus padres y hermanos.

Tres años antes de su muerte, en 2013, Cruyff visitó a su hijo Jordi, entonces director deportivo del Maccabi de Tel Aviv, que celebraba su primer título en una década. Aprovechó la visita para encontrarse con Shimon Peres, presidente de Israel, y acudir al Museo de la Historia del Holocausto, en Jerusalén, e inscribir a tres cuñadas de su tía (Judith, Regina y Rozette De Metz), casada con un judío, en la relación de los desaparecidos en los campos de exterminio nazis.

La relación del Ajax con el judaísmo está recogida en el libro Ajax, the Dutch, the War, escrito por el periodista holandés Simon Kuper. El autor no elude, asimismo, los actos de colaboracionismo local, sobre los que la historiografía aliada pasó de puntillas durante años en Holanda, como en Francia y otros países europeos, donde el antisemitismo era creciente en el periodo de entreguerras. De los cuatro agentes que detuvieron a Anna Frank, sólo uno era alemán.

En Holanda residían 140.000 judíos, de los que 100.000 perdieron la vida como consecuencia del Holocausto. En Amsterdam, la proporción de víctimas fue incluso mayor: de 80.000 se salvaron unos 5.000. El Ajax aglutinó a numerosos supervivientes. Además de Muller y Van Praag, dos jugadores clave, como Bennie Muller, capitán del equipo y de la selección, y Sjaak Swart, un extremo de época. Ambos jugaron con Cruyff en el Ajax de finales de los 60. Con el segundo, compartió el reinado en la Copa de Europa, con tres títulos consecutivos. Entre los mecenas se contaba un adinerado descendiente de judíos sefardíes, Maup Caransa. Otros daban trabajo a algunos futbolistas en sus talleres o industrias textiles.

EL ABUELO DE BECKHAM

La solidaridad era también común entre los obreros judíos que se integraron en la working class británica a finales del siglo XIX y cuyo deporte era el fútbol. Tottenham y Arsenal, preferiblemente el primero, fueron los clubes por los que se inclinaron, hecho que acentuó y agravó la rivalidad con el Chelsea, donde son habituales los cánticos antisemitas. El español Morata, a su paso por el club, dijo que no se sentía representado por ellos.

En los años 80, el tiempo más duro de los hooligans, los aficionados de los Spurs los sufrieron con creces, al tiempo que aparecían pintadas en las tumbas del cementerio judío de Tottenham Park. La Yid Army fue la respuesta.

Cerca, en el distrito de Hackney, trabajaba la madre de David Beckham, una peluquera hija de uno de aquellos obreros judíos. Cuando murió su abuelo, Beckham se colocó la kipa y volvió a la sinagoga. «Soy medio judío», dijo, como Cruyff, como el Ajax o el Tottenham, a los que el judaísmo observa entre el orgullo y el pudor.
  • Imprimir
  • enviar
  • Disminuir tamaño texto
  • Aumentar tamaño texto
  • Compartir

comentarios

Deje su comentario







Por favor, ingrese el siguiente código y luego haga click en botón de envío. Gracias.

COMENTARIOS DE LOS LECTORES (0)

IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Copyright 2010 ITONGADOL | Todos los derechos reservados

ezink | web applications