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Elecciones/DAIA. Gorenstein: “La comunidad se merece dejar atrás la antinomia ortodoxia-conservadores”

05.10.2018 14:29  | 

Itongadol.- A tres semanas de la oficialización de las listas que se presentarán en la Asamblea Electora de la DAIA, Itongadol conversó con el presidente de Likud, Gabriel Gorenstein (foto), sobre la campaña proselitista y la propuesta que ofrece la agrupación de institución que promueve al ex titular de la AMIA por el Bloque Unido Religioso, Leonardo Jmelnitzky.

- Estoy trabajando en conjunto con Leonardo Jmelnitzky en la conformación de una lista para trabajar en un proyecto para la próxima cadencia de la DAIA, sumando voluntades para hacerlo, obviamente, lo más amplio posible en cuanto a la gente que lo conforme. No necesariamente por una cuestión de decir “tal movimiento o tal otro”, sino que la DAIA es una representación de factores e instituciones y por eso estamos enfocados en sumar gente que sabemos que va a trabajar y a hacer un equipo.

- ¿No es la ortodoxia la que asume el rol de una futura conducción de la DAIA?

- La verdad que para una institución como la DAIA es poco relevante la condición de observancia o no que tenga cada uno de quienes la integran porque justamente se busca que ése no sea un tema preponderante y que todos estemos cómodos. En lo personal, jamás me preguntó si cuido el cashrut. Estamos más enfocados en ver qué es lo que cada uno puede aportar, sin que sea importante cuál es su observancia religiosa.

- ¿Cómo se evitará la polarización religiosa en esta elección?

- He escuchado comentarios del tipo “no es bueno que haya dos kipot (ortodoxos) en las instituciones centrales”, en referencia a la (presidencia) de la AMIA (Agustín Zbar) y a una eventual de Leonardo. La verdad es que creo que la mejor manera de responder a eso es que la DAIA no tiene que ver con la religiosidad. No está bueno que hagamos de esto una cuestión de “kipá o no kipá”. Me parece que llegó el momento de que empecemos a discutir ideas, independientemente de quién las esté llevando arriba de la mesa.

- ¿Cómo están en el trabajo del día a día?

- Estamos en plena etapa de formación del equipo. La DAIA es una institución supercompleja, con muchas aristas y mucha identidad en trabajos que se vienen haciendo hace décadas y que han tenido resultados muy importantes. Hay que recoger esa bandera y volver a ponerla en lo más alto. La DAIA tiene que tener de nuevo un nombre y un prestigio y estamos abocados a buscar a las mejores personas, independientemente de cuáles sean sus movimientos. La DAIA es una representación de movimientos y también es algo atípico en la comunidad. Hoy por hoy, yo soy presidente de Likud, pero no por eso soy menos socio de Kadima o mis hijos no van a una escuela que también es socia de la DAIA. Entonces, al momento de decir qué institución nos representa, particularmente soy de un movimiento político. Lo mismo nos pasa con otros, que van a una escuela determinada, pero también a un club o están dentro de un espacio político. No es una cuestión de doble militancia, tiene que ver con los factores donde cada uno está. Por eso, más allá de cada uno de los movimientos, esto tiene que ver con las personas, sean religiosas o no.

- ¿Por qué entienden que sería correcto el apoyo mayoritario de las instituciones judías a la lista encabezada por Jmelnitzky?

- Primero porque tanto él como yo y los demás que se incorporaron somos gente que está del lado ejecutivo, de poner a la DAIA en acción, no solo desde lo discursivo. Leonardo es un fanático de todo lo que tenga que ver con el profesionalismo. Somos sumamente abiertos al diálogo con todo el mundo y lo que se escucha mucho en las instituciones es que a veces no hay con quién sentarse a hablar. Incluso en el interior pasa mucho esto. Cuando hay alguna actividad, desde la DAIA no siempre está el acompañamiento. Creo que las instituciones pueden ver en nosotros a gente que está dispuesta a trabajar 100 por ciento y llevar las cosas de manera ordenada, democrática y con trabajo en equipo.

- ¿Son optimistas respecto de la recepción por parte de las instituciones en general: sociodeportivas, escuelas, el Interior…?

- Lo que estamos haciendo hoy es hablar con cada una de las instituciones. Estamos en una etapa de pedir reuniones. Todas o la mayoría son receptivas a sentarse a escuchar, sean sociodeportivas o escuelas. Es una cuestión de consolidación nuestra, de decir lo que venimos a ofrecer. Y por otro lado, una cuestión que no es menor y tiene que ver con la pregunta obligada a cada institución es si hay alguien dispuesto a acompañar el trabajo del día a día. No es solo lo que promovemos, sino saber qué tienen para proponer y a qué persona.

- ¿Por qué no se logró una lista de unidad?

- No es que no lo sepa, pero entiendo que van a haber más de dos listas; por lo cual, cuanto más listas hay es más difícil hacer una lista de unidad. Estamos abiertos a sentarnos, revisar las cosas y hacer acuerdos programáticos, pero me parece que la mejor manera de encararlo es decir: “Sentémonos todos alrededor de la mesa, veamos quiénes son las personas para cada uno de los lugares, más allá de su movimiento, y a partir de eso analicemos cómo se conformaría una lista”. Me parece que el fracaso fue por haber tratado de hacer las cosas a la vieja usanza, de decir: “Tenés un vocal o un protesorero”, y quedó demostrado que eso no sirve más.

- ¿El tiempo no juega en contra de un armado de estas características cuando hay un grupo de instituciones conservadoras que se basa, fundamentalmente, en ir en contra de la ortodoxia, lo cual es un argumento más rápido de considerar?

- Por más que lleve más tiempo, el modelo que apoyamos no se desarmará ante cualquier pelea, que es lo que muchas veces pasa cuando las cosas se hacen a las apuradas y por el simple hecho de decir que no están a favor de una lista de la ortodoxia. Tengo amigos en el Movimiento Conservador y no he tenido con ellos una conversación en esos términos. No se trata solo de ganar una elección, hay que llevar adelante el trabajo después, y esto para mí es fundamental. Si no tenés un equipo conformado y que esté de acuerdo en hacia dónde vamos, después es imposible porque empiezan a aparecer intereses mezquinos. La idea es tener la tranquilidad de que una vez que lo tenés, funcionará. La DAIA se merece gente dispuesta a dejar atrás la antinomia ortodoxia-conservadores y que todos se pongan a laburar juntos.
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