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Hatzad Hasheni. Judeofobia en Chile – Por Profesor Javier Tudezca

19.06.2018 18:58  | 

 Itongadol.- He llegado a una conclusión: en Chile es posible saber si alguien o algo (una institución) es antisemita ojudeofobo. ¿Cómo? Cuando centra su atención SOLO en el conflicto árabe-israelí. Es decir, cuando su moral se hace selectiva, dirigida impulsivamente a ese asunto; y, además, cuando separa entre los “buenos” (victimizándolos) y los “malos” (demonizándolos), sin considerar causas y efectos.

Nunca lo vas a escuchar hablar sobre Siria (con Rusia e Irán, entre otros); del genocidio armenio (por Turquía); de las protestas en Nicaragua (con muchos asesinatos); de los conflictos en África, en Asia, en cualquier zona. ¡Nunca!, pues pareciera que lo grave para él solo está ocurriendo en Israel. Nada más es de su interés. Tampoco que esa entelequia llamada “mundo árabe” sea xenófobo, homofóbico, violento, discriminador hacia las mujeres, hacia otras religiones (en plural) o antidemocrático; incluso entre ellos; incluso hacia los mismos palestinos.

Un antisemita chileno asegurará que está contra Israel, no contra los judíos, saltándose olímpicamente el hecho de que allí viven unos 5 millones; que es contra los sionistas, cuando poco entienden del concepto y lo asimilan a otros -muy opuestos a su sentido movilizador, civilizador o reparador- a través del mecanismo de la posverdad. Para ellos, “Gobierno” con “Estado” de Israel es lo mismo; pues, o son ignorantes, o les da lo mismo comprenderlo.

Les gusta afirmar que los israelíes (o los judíos, a veces se les sale…) están ocupando las tierras de los palestinos, cuando la historia del colonialismo en el mundo ha sido tomar y defender, perder y guerrear, lo que en el fondo, en principio, no es de nadie.

¿Estados Unidos, Argentina, Italia, Rusia, Cuba, China, España, Chile o cualquier país, siempre existieron tal como uno los ve en el mapa? ¿Acaso el lugar donde se sitúa ahora Israel antes no era parte de una gran área colonial (los últimos imperios fueron los turcos y los ingleses-franceses) del cual también surgieron otros países?

El judeofobo chileno, al parecer, no sabe de historia, tampoco de procesos geográfico-históricos; los adapta como un círculo dentro de un cuadrado. En realidad, no le importa; solo le interesa su relato. Peor aún, trata de hacer paralelos con procesos de luchas en distintos países existentes o pasados, cuyas causas nada tienen en común. Conducta que se ha ido haciendo muy notoria, sobre todo, en amplios sectores de la izquierda actual; pero también en la derecha, aunque en menor escala, y con una acción más soterrada.

Judíos y judías en Chile siempre han participado en política, en las distintas tendencias; en obras sociales; en las academias; en las empresas; en los sindicatos; en el arte; en todo ámbito. Sin embargo, la sociedad en general, el connacional común, no nos conoce; o nos conoce, pero eso no es relevante al momento de juzgarnos, de aplicar consciente o inconscientemente la vara antisemita.

Si se cuestiona la legitimidad de la existencia de Israel, entonces, correspondería hacerlo con todo el mapamundi. Partir con las fronteras en América con las guerras del Pacífico (Chile-Perú-Bolivia); de la Gran Colombia y Perú; de Perú y Bolivia; del Paraná; la peruano-ecuatoriana; la de la Triple Alianza (Brasil, Argentina, Uruguay contra Paraguay); del Chaco (Bolivia y Paraguay), y muchas más. Sumadas están también las revoluciones (México, Cuba, Nicaragua, etcétera); las guerras civiles, los golpes de estado o las campañas contra los pueblos indígenas. Y aquello solo en nuestro continente.

El antisemita chileno prefiere verse como un ser superior en lo moral, moderno, políticamente correcto, y no es capaz de asumir su propia historia nacional y su responsabilidad; la prefiere lejos en los tiempos, para tranquilidad de su conciencia. Y culpa a otros: ¡así es fácil!

Se detecta a un antisemita chileno cuando busca de entre los judíos a aquellos que están contra Israel, no importa si estos representan un 1, 2 o 3 % del total. También cuando, por el solo hecho de ser judío, busca “emplazarte” sobre la conducta de las FDI (Fuerzas de Defensa Israelíes), pero NUNCA menciona a los grupos terroristas islámicos. Reitero: padece de una moral selectiva.

Nunca se pregunta sobre qué habría pasado con las mujeres, los hombres, los niños o los ancianos, si Israel hubiese perdido una de las guerras (y quizás ni le importe mucho); ni el por qué inmensos países han intentado destruirlo. Está lejos de interesarse por los mecanismos que utiliza el terrorismo para lograr apoyo a su “causa”: la amenaza, el miedo o la violencia. ¡He ahí Europa!

En conclusión, el antisemita en Chile no va a molestar, ni va a cuestionar o difamar a un compañero de trabajo, a un jefe o a un empleado, a un profesional o a un obrero, a un o una estudiante, que sea de una religión equis (aun si haya cometido atrocidades en los países en que son mayoritarios a través de los siglos). Pero sí se toma la libertad o el libertinaje de hacerlo -con mucha autosuficiencia, sin ningún sentimiento de culpa – cuando se trata de un judío, recurriendo al estereotipo que tiene en su cabeza, ese que escuchó en su casa, en la escuela, en la tele o en la radio. Y, ahora, en internet.

El fenómeno del antisemitismo, judeofobia -o la nueva metamorfosis llamada ahora antisionismo o anti-israelismo- no parece tener remedio; brota como veneno sin antídoto, olvidándose de los sufrimientos pasados de todos (judíos o no), minimizándolos, incluso ridiculizándolos.

Solo nos queda fomentar leyes, como la que castiga la incitación al odio; batallar en contra de la negación de los horrores sucedidos; hacer pedagogía respecto de palestinos e israelíes por cuanto ambos necesitan la paz; porque ninguno es víctima o victimario, sino que ambos necesitan que el mundo les ayude a encontrar acuerdos. Pero no con bencina como ahora, sino que con racionalidad.

Pero con este personaje de la judefobia chilena irrespetuoso, invasivo, altanero, pre-juicioso, agresivo, cuesta avanzar. Y, lamentablemente, su presencia se está haciendo cada vez más común en nuestro país.

La historia ha demostrado a gritos que de ahí a algo que afectará a la sociedad chilena en su conjunto, solo hay un aliento.

Javier Tudezca es Profesor Magíster en Gestión Educacional – https://comunidadchil.wixsite.com/cchil/single-post/2018/06/14/Judeofobia-en-Chile
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