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AJC: ¿Cuál es el futuro de la comunidad judía argentina?

06.03.2018 15:15  | 

 (Por Patricio Abramzon ).- Argentina es el hogar de una importante y vibrante comunidad judía. Con 200 mil miembros, la comunidad judía argentina es la séptima en tamaño, luego de Israel, Estados Unidos, Francia, Canadá, Reino Unido, y Rusia.

La historia de la colonización judía se remonta a fines del siglo XIX cuando, junto con las oleadas inmigratorias que llegaron de Europa, un numeroso grupo de judíos que huían de los pogromos se asentaron en áreas rurales adquiridas por la Jewish Colonization Association del Barón Maurice de Hirsch. Años después, los hijos y nietos de estos “Gauchos Judíos” –tal como los inmortalizó la literatura– se trasladaron a las ciudades, integrándose de forma plena a las emergentes clases medias que tanto caracterizan a la sociedad argentina.

Los atentados terroristas contra la Embajada de Israel en Buenos Aires (1992) y la AMIA (1994) llevaron a la comunidad judía argentina a las primeras planas de los medios. Esta tendencia se intensificó con el debate en torno a la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán y la muerte –calificada por la justicia como asesinato– del fiscal especial Alberto Nisman. Sin embargo, estos sucesos de alta resonancia política de alguna forma opacan lo cotidiano de la vida judía en Argentina, que incluye la participación en instituciones educativas y culturales, clubes deportivos, sinagogas, y proyectos sociales de toda índole.

Sobre éstos y otros temas dialogamos con Daniel Pomerantz, el Director Ejecutivo de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), a su regreso de un viaje a Israel, organizado junto con el Comité Judío Estadounidense (AJC), del que participaron importantes dirigentes políticos y de opinión de Argentina y Uruguay.

¿Qué nos puedes contar sobre este viaje?

DP: Fue una experiencia muy estimulante desde todo punto de vista. En primer lugar, ir a Israel, ver su efervescencia, creatividad y su dinamismo, siempre es motivante. Pero lo cierto es que este fue un grupo interesante y de muy alto nivel, conformado por dos senadores, un diputado, el Auditor General de la Nación y el presidente del directorio del principal grupo de medios de Argentina, así como un senador uruguayo.

El viaje coincidió con un episodio que se dio en el Norte de Israel. Un episodio con un dron que ingresó al territorio israelí, que originó luego una fricción en esa frontera. Nos tocó estar en ese lugar el día siguiente. También tuvimos oportunidad de ver la tarea que hace Israel para la atención de heridos por la guerra en Siria. En fin, una agenda muy rica. Quizás uno de los elementos diferenciadores entre este y los otros programas que llevan líderes a Israel tiene que ver con la posibilidad de escuchar múltiples voces y que eventualmente las conclusiones corran por cuenta del participante. El itinerario incluyó una visita a Ramala, por ejemplo, y encuentros con el liderazgo palestino. Los participantes tuvieron la oportunidad de ver con sus propios ojos la realidad de un Israel pujante, y comprender más en profundidad la complejidad del conflicto en Medio Oriente, ya que no es posible captarla a través de lo que reportan los medios.

Este viaje fue organizado por AMIA y AJC. ¿Cómo es la colaboración entre estas dos instituciones?

DP: El vínculo entre el AJC y la AMIA data de décadas. Hay una relación, una afinidad, un recorrido y un pensamiento vinculado con estas temáticas. La relevancia del AJC, su presencia institucional en el Estado de Israel y sus interacciones con los funcionarios gubernamentales son lo que nos permitió, entre otras cosas, acceder a una audiencia privada con el Primer Ministro Benjamín Netanyahu.

¿Cómo fue ese encuentro?

DP: Estábamos frente a un líder mundial. El Primer Ministro Netanyahu es una personalidad a la que se la ve permanentemente junto a los principales líderes del mundo y que tiene mucha presencia en los diarios. Creo que al día siguiente viajaba a la conferencia de seguridad en Alemania. Por eso, ésta fue evidentemente una oportunidad, en particular para el liderazgo político de nuestros países. Y se planteó un diálogo franco. Primero escuchamos las palabras del primer ministro, y luego se produjo una conversación con los participantes. Cada uno pudo tener un momento de intercambio con él.

¿Y qué les pareció Israel?

DP: Les pareció un país avanzado, efervescente, con una realidad y cotidianeidad fascinante. Vieron también lo que está sucediendo con el desarrollo emprendedor y de la tecnología, que se proyecta al mundo entero. Tuvieron un par de sesiones al respecto y quedaron impactados por lo que significa la expansión del conocimiento y las mejoras en la vida de la gente.

¿Qué significó este viaje para la relación entre Israel, Argentina y Uruguay, y en general entre Israel y América Latina?

DP: Me parece que significa un paso más de acercamiento entre países que tienen una tradición y una trayectoria de amistad, de relación, de buenos vínculos. Tenemos muchas afinidades y somos países complementarios desde el punto de vista de las economías y en temas culturales. Tenemos mucho para aprender de Israel, e Israel tiene mucho para aprender de Argentina y Uruguay. Sobre todo en lo que tiene que ver con cuestiones de convivencia. En fin, me parece que nuestros países están atravesados por fenómenos parecidos porque, por ejemplo, la conformación social tanto de Uruguay, como Argentina e Israel no se explicaría sin la inmigración. Tenemos rasgos en común y me parece que lo más importante es, aparte de la trayectoria, el futuro. Tenemos por delante un futuro promisorio, y seguir desarrollándolo le va a hacer muy bien a los ciudadanos de los tres países.

Ahora, yendo a la Argentina. Más allá de las cuestiones con impacto mediático, de carácter político, ¿cuáles son los temas principales de la agenda de la comunidad judía hoy por hoy?

DP: La comunidad judía es una comunidad de más o menos 200 mil personas, con una inmensa mayoría de ellos viviendo en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, y un 20 por ciento aproximadamente en distintas localidades del país. Es una comunidad que ha sido históricamente un faro para Sudamérica y América Latina en general. El impacto de la comunidad judía argentina lo vemos en cada uno de los países que va desde México hacia el sur e inclusive España. Educadores, rabinos, líderes comunitarios… Argentina se ha caracterizado por exportar cereales, carne y liderazgo judío. Esto es parte de nuestra tradición. Entonces, es una realidad sofisticada. Es además una comunidad plural, no uniforme, con una multiplicidad de subconjuntos que la enriquecen, y que se debate permanentemente en generar mejores condiciones para sus integrantes. Esto se puso a prueba durante la crisis, hace aproximadamente 15 años atrás, cuando realmente colapsó la economía en la Argentina y fue necesario generar nuevas formas de organización.

Hoy la comunidad tiene múltiples desafíos. Yo destacaría tal vez uno, que es bastante omnicomprensivo, que tiene que ver con su sistema educativo. Me parece que hay un sistema educativo que también es muy importante en nuestro país, conformado por múltiples organizaciones que imparten educación formal y no formal, que tienen una destacada tradición, un presente también notable y, siendo inteligentes, también podrían tener un futuro promisorio.

Segundo, las cuestiones de integración comunitaria. Es decir, tener las condiciones para intentar maximizar la participación de los judíos en las instituciones que conforman el universo institucional judío. Algunos indicadores nos hablan de niveles de participación que están aproximadamente entre el 50 y el 60 por ciento. Es decir, hay una proporción muy importante de la comunidad judía argentina que no transita por las organizaciones, y esto me parece que plantea un desafío adicional.

¿cómo ves el futuro de la comunidad judía argentina?

DP: Yo soy optimista por naturaleza. Veo un futuro muy positivo. Insisto: la comunidad judía tiene una tradición muy valiosa y una hipertrofia de organizaciones. La paleta de colores comunitarios es bien visible en Argentina. Tenemos que ser lúcidos para intentar maximizar esas posibilidades y esa potencialidad que nos caracteriza. Además, no olvidemos que los integrantes de la comunidad judía se insertan en la sociedad, generando liderazgos en todos los campos: en la cultura, el periodismo, la sociedad civil, la política, la educación y el empresariado. Vemos personas de la comunidad judía que tienen un recorrido muy destacado en todas estas áreas. Esto nos llena de orgullo y nos plantea un Norte. Queremos que éste sea el símbolo de la comunidad judía organizada.

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