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Los judíos que sobrevivieron a las purgas de Stalin

07.12.2017 16:44  |  Alicia Benmergui  |   | Fuente: Milim Revista Digital

 Itongadol.- El complot de los médicos asesinos, según las acusaciones stalinistas.

En una helada mañana de enero de 1953, Robert Kesselman, un médico judío que vivía en Sumy, una ciudad provinciana, en el este de Ucrania, leyó en Pravda, el diario comunista oficial, el vocero de Stalin, que denunciaba con grandes titulares el complot de "Los Medicos Asesinos". Kesselman, un médico ortopedista recién graduado leyó todo el informe, donde se afirmaba que los principales médicos soviéticos, la mayoría de ellos judíos, estaban involucrados en una nefasta conspiración para envenenar al máximo líder del Partido Comunista. De acuerdo a lo narrado por Pravda, nueve médicos especialistas prominentes, seis de los cuales eran judíos, estaban acusados de asesinar a dos colegas cercanos a Stalin, Andrei Zhdanov y Alexander Scherbakov. El Comité Americano del Jewish Joint Distribution, fue identificado como la "organización de espionaje sionista" que se hallaba detrás de la conspiración de los médicos. Dos de los médicos acusados murieron en prisión, mientras que los siete restantes confesaron sus "crímenes" bajo tortura. Lidia Timashuk, una asistente médica que inventó las acusaciones fue galardonada con la Orden de Lenin como una muestra de la estima de Stalin.
Lo que hoy conocemos como el "complot de los médicos" es considerado por muchos historiadores como el movimiento de apertura de un gran plan de Stalin para deportar y eliminar a los judíos de la Unión Soviética. Un informe de la CIA de junio 1953 hizo hincapié en que la trama "claramente tenía connotaciones antisemitas. "Tres médicos no judíos habían sido incluidos entre los acusados, observaba el informe, sólo porque los dos camaradas de Stalin que habían muerto varios años antes habían sido asistidos por médicos no judíos.

Pero, para algunos judíos soviéticos como Robert Kesselman, que tenía 88 años cuando fue escrito este artículo como su esposa Ella, una oftalmóloga de 82 no eran tan evidentes las intenciones antisemitas de Moscú y de la historia publicada por Pravda. El traumatólogo le contó al redactor de este artículo que no pudo creer en la notica de Pravda, tampoco vio una intención antisemita en la denuncia y no creyó que pudiera llegar a afectarle personalmente. Para los oídos contemporáneos, este último comentario es difícil de creer, y mucho menos entender. Sabemos, por las innumerables historias de la época de Stalin, que el control del Kremlin sobre la población se ejercía por el miedo, el terror, a través de los servicios de seguridad
Para los judíos y otras nacionalidades perseguidas en la URSS, el origen étnico era causa suficiente para sentirse muy atemorizado. Para comprender adecuadamente por qué los informes del complot de los médicos "no parecieron tan preocupantes a los Kesselman, al menos al principio” es necesario conocer toda una serie de hechos que habían tenido lugar en las décadas previas a esta noticia. Sesenta años después del Complot de los Médicos y de la muerte de Stalin, los judíos que sobrevivieron al reinado del dictador están viviendo ahora sus últimos años, con la certeza de que pueden compartir sus recuerdos, sin el temor del gulag. En el contexto de sus experiencias, las amenazas-incluso hoy en día del antisemitismo que ha surgido nuevamente en Ucrania con el partido nacionalista Svoboda que obtuvo más del 10 por ciento de los votos en las elecciones de 2012- parecen leves en comparación.

Los Keselman en su entrevista con el escritor recordaron que antes del "complot de los médicos", había tenido lugar el genocidio nazi, que se cobró la vida de más de 2 millones de judíos soviéticos. Y antes del eso, estaban las grandes purgas del Partido Comunista impulsadas por Stalin a finales de los años 1930. "Antes de la guerra, mi familia vivía en Kiev," recordó Ella. "Mi padre era el jefe de una empresa fabricante de piezas de máquina, y mi madre era una secretaria en la oficina del Partido Comunista local." En los primeros años de la década de 1930, Ucrania, era comúnmente conocida como el "granero" de la Unión Soviética, había sido el escenario de una terrible hambruna diseñada por Stalin contra los kulaks, calificados supuestamente como ricos campesinos empeñados en engañar a las autoridades soviéticas en su búsqueda para requisar las cosechas de granos.
El número total de muertes y deportaciones de ese tiempo se ha estimado en unos 10 millones de personas. Y después de la hambruna, se produjo la Gran Purga de 1937-1938, durante el cual se ejecutó a medio millón de ciudadanos soviéticos y otros millones fueron deportados, fue el método utilizado por Stalin para imponer su voluntad mediante el terror, impidiendo cualquier tipo de disidencia o rebelión. "Todas las noches, temíamos oír el ascensor chirriante cuando los hombres de la NKVD revisaban el edificio donde vivíamos, llevándose a la gente", dijo Ella, en referencia a la policía secreta soviética. "Tenía sólo 6 años de edad, pero yo sabía que algo andaba mal. Yo todavía no entiendo cómo se salvó mi propia familia".

Ser perdonado significaba que una vez que comenzó la guerra contra la Alemania nazi en 1941, la familia de Ella fue evacuada hacia el este, a Uzbekistán, junto con muchos judíos que vivían en los territorios europeos de la URSS. Robert, por su parte, se encontraba sirviendo en el frente con el Ejército Rojo. Luchó en la épica Batalla de Kursk en 1943, cuando la decisiva victoria soviética cambió el destino de la URSS en la guerra, favoreciéndola. "Yo era un oficial de artillería", dijo Robert, sentado en posición vertical. "Entre los hombres de la artillería había muchos judíos, porque había que ser organizado y saber matemáticas. Cuando se disparaba un cañón, había que calcular primero la trayectoria del proyectil "ese orgullo de pertenencia en el Ejército Rojo ha persistido en la era post-soviética. A la entrada de Sumy, al igual que muchos otros pueblos de la región, los visitantes son recibidos por una réplica del Tanque T-34 que se convirtió en un emblema de éxito soviético, porque como Winston Churchill dijo, "desgarró las entrañas del ejército alemán." En el rutilante Museo Histórico Judío inaugurado en Moscú, el año pasado con una gran publicidad, una exposición conmemora con orgullo al diseñador de la T-34: un ingeniero judío con el nombre de Isaak Zaltsman.

Herido por la artillería alemana en Kursk, Robert agonizante, se sometió a una operación para eliminar la metralla de su estómago, el hígado y los pulmones. "Me operó un brillante cirujano, un judío" contó. Después de la guerra, se le dio un puesto en Sumy, donde ejerció como traumatólogo y conoció y se casó con Ella, recientemente graduada en ese momento como médica oftalmóloga. Históricamente, Sumy se encuentra fuera de la Zona de Residencia, un vasto territorio creado en 1791 por Catalina la Grande y compuesto de partes de Rusia, Ucrania y otros países vecinos, a los que fue restringida la población judía. Cuando Robert y Ella Kesselman comenzaron sus carreras médicas, Sumy, con su puñado de familias judías, estaba a un mundo de distancia de otras ciudades de Ucrania como Odessa, donde todavía se podía oír el idish en las calles. Los Kesselman lejos de los grandes centros metropolitanos de la Unión Soviética, eludieron los duros momentos del judaísmo soviético como la eliminación de Médicos, del Comité Antifascista Judío en 1948; el juicio a Rudolf Slánsky en Checoslovaquia en 1952, donde la palabra "sionismo" adquirió un aura siniestro y peyorativo; las diatribas histéricas cada vez que hablaba Stalin contra los "nacionalistas judíos" en los años posteriores a la creación del Estado de Israel en 1948.

"No parecía ser otro caso Beilis", dijo Robert, en referencia al juicio que tuvo lugar en Kiev, en 1913 al judío, Mendel Beilis, quien fue falsamente acusado de asesinar a un joven ucraniano y que finalmente tuvo que ser liberado por la inconsistencia de las acusaciones..."Pensé que iba a ser como la purga de 1937 donde no solo fueron asesinados judíos"... "Además, hay que recordar que los judíos estaban ampliamente sobre representados en la profesión médica", añadió, "así que pensé que los orígenes judíos de la mayoría de los acusados se debía a esa razón." Distintas circunstancias históricas impidieron que los judíos como los Kesselman se dieran cuenta de que el antisemitismo se estaba convirtiendo en una doctrina de Estado en la Unión Soviética. Para empezar, la camarilla de Stalin estaba compuesta por un buen número de judíos. Entre ellos se encontraban Lev Mejlis, el editor de Pravda y Salomón Milshtein, quien, en su calidad de jefe del sistema ferroviario soviético, supervisó la deportación masiva de cientos de miles de prisioneros a los gulags. Muchos judíos, todavía con el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en sus mentes veían en Stalin a su salvador. En sus mentes, el antisemitismo era un dogma arraigado en la pseudociencia racista, indeleblemente ligada a las atrocidades nazis. La noción de que podría adaptarse a las condiciones soviéticas parecía impensable. Luego estaban los destinos terribles de otras minorías nacionales. Por ejemplo, en Kalmykia, una república integrante de la Federación Rusa en el sur del país, un pueblo de budistas descendientes de los mongoles, fue deportado a Siberia en durante una sola noche, en diciembre de 1943 por las autoridades soviéticas. Murieron la mitad de los 90.000 kalmukos deportados. Tales actos bestiales estaban dirigidos principalmente contra mujeres y niños, cimentaron la creencia entre los judíos que, si bien podían ser víctimas de prejuicios, otros lo pasaban mucho peor. Por otra parte, la combinación mortal de patriotismo soviético y nacionalismo ruso alentado por Stalin después de la guerra, instaló en los judíos soviéticos la creencia de que si habían padecido tanto fue porque eran ciudadanos soviéticos, no porque fueran judíos. Bajo el régimen soviético, el monumento en Babi Yar, un barranco cerca de Kiev, donde casi 34.000 judíos fueron asesinados por los Einsatzgruppen nazis en 1941, no hizo mención de los orígenes judíos de las víctimas. La fría estepa glacial de Gulshan Balka, fue el sitio de una ejecución en masa cometida por los nazis en Kalmykia, durante la ocupación en 1942, el monumento existente no hace referencia a judíos, sino a "combatientes de la resistencia".

Un puñado de ancianos judíos todavía residen en Elista, la capital de Kalmykia.Grigory Goldvarg, de 87 años de edad, veterano del Ejército Rojo con un rostro demacrado y una fría mirada, es uno de ellos. Goldvarg un germano parlante, había servido en las unidades del Ejército Rojo que liberaron Auschwitz en enero de 1945. Con una voz quemada por los cigarrillos rusos que todavía fuma, recordó cuando llegaron al campo de concentración con sus camaradas que "El olor a carne quemada estaba en todas partes", dijo. "Habíamos oído rumores acerca de que era un lugar terrible. Pensábamos que 'liberaríamos el campo y ganaríamos la gloria. "Pero una vez dentro, nos pusimos a llorar". Sin embargo, a pesar de haber sido testigo de estos horrores por sí mismo, Goldvarg no habla de Auschwitz como de una tragedia judía. Había judíos entre los que fueron liberados, dijo, pero también había rusos, búlgaros, polacos y ucranianos. A lo largo de nuestra conversación, habló de Stalin en tono reverencial. Interrogado por el” complot de los médicos", se encogió de hombros y dijo que nunca había oído hablar de él. ¿Era éste el recuerdo borroso de un hombre de edad avanzada, o fue la autocensura?
Entrevistado su hermano Boris dijo riendo que Grigory era un comunista incorregible pero que igual lo amaba. El si recordaba el complot de los médicos y agregó que todos los problemas de los judíos comenzaron ahí. Luego contó que en los años 54, 55, y 56 estudiaba en Stavropol. Algunos de sus compañeros murmuraban que era un judío. "Él es uno de ellos".

Existe mucha evidencia que sugiere que Stalin tenía un plan para deportar a la población judía soviética en masa. En su libro de "Stalin contra los Judíos", el periodista Arkady Vaksberg cita un número de ayudantes cercanos a Stalin que afirmaban que el dictador pretendía que posteriormente a la ejecución publica de los siete médicos sobrevivientes en la Plaza Roja, se transportaría a los judíos a los gulags del este. Lo que salvó a los judíos de la Unión Soviética fue la muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953. Como señala Vaksberg con cierto deleite, una de las razones por las que la vida de Stalin no pudo a ser salvada, fue porque los médicos más eminentes estaban en prisión o habían sido ejecutados o deportados. Este último punto fue subrayado por Alexander Tchen, un médico de Kazajstán, hijo de una madre judía polaca, que huyó de los nazis sólo para terminar en el gulag, y un padre adoptivo de Corea, Tchen le contó a Cohen que fue gracias al complot de los médicos de que "la verdadera medicina llegó a Kazajstán." Muchos de los profesores de Tchen eran judíos enviados por la fuerza a Kazajstán como consecuencia del complot de los médicos ". "Ellos tenían miedo de hablar sobre lo que pasó" . . . dijo, " Los eventos que sucedieron entonces se podrían haber repetido bajo Brezhnev o cualquiera de los otros dirigentes soviéticos”.

En efecto, si bien es cierto que el deshielo leve que siguió a la muerte de Stalin, alivió la presión sobre los judíos, el sucesor de Stalin, Nikita Khrushchev, admitió que el complot de los médicos "había sido un engaño y revocó la Orden de Lenin otorgada a Lidia Timashuk . Continuó existiendo un modelo antisemita claramente soviético, en las décadas que siguieron, los judíos continuaron soportando las cuotas restrictivas de admisión en las universidades y la prohibición de cualquier trabajo juzgado sensible, a la vez que eran sometidos a un bombardeo constante de propaganda anti-sionista. "La regla es que algunos son más iguales que otros", dijo Robert Kesselman. "Yo era el jefe del departamento de ortopedia del hospital de Sumy, pero nunca tuve ningún privilegio especial, como un coche o un bono, porque yo era un judío. Fue lo mismo para otros judíos". Si Kesselman suena estoico sobre su destino, es porque el resultado podría haber sido mucho peor. Cohen afirma que si Stalin hubiera vivido, es muy probable que hubiera puesto en marcha un segundo Holocausto, menos de una década después de la primera que terminó con la derrota de los nazis.
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