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Hoy en la historia judía / Fallece un diplomático portugués que fue desacreditado por salvar judíos de los nazis

03.04.2019 08:35  | 

 Itongadol.- El 3 de abril de 1954 falleció el diplomático portugués Aristides de Sousa Mendes a los 68 años. Catorce años antes había sido quitado de su puesto en Francia y expulsado del servicio extranjero tras desafiar órdenes y emitir visas de tránsito portuguesas a miles de refugiados que intentaban escapar de Europa, principalmente judíos. Murió en la pobreza y desgracia.

Sousa Mendes fue embajador de varios países, incluyendo Brasil, Estados Unidos y Bélgica. Cuando lo designaron cónsul general en Bordeaux él supo que tenía un cargo importante, ya que le daba responsabilidad por todo el sudoeste de Francia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el régimen del dictador portugués Antonio Oliviera Salazar había estado preocupado por el creciente influjo de inmigrantes, especialmente judíos. En noviembre de 1939 el gobierno instruyó a sus emisarios que no emitieran visas a judíos sin recibir primero un permiso explícito de Lisboa. Las consecuencias fueron devastadoras.

Sin embargo, el diplomático Sousa Mendes comenzó a desafiar las órdenes desde temprano. Para junio de 1940 él estaba atravesando una crisis personal debido a sus creencias. Él era católico y buscó respuestas en su religión. Según uno de sus hijos, poco tiempo después le dijo a su familia que “había escuchado la voz de Dios” y que “todo era claro”. En ese entonces anunció su intención de dar visas a quienes las pidieran.

Él estaba influenciado por el Rabino Chaim Kruger, judío polaco con quien había entablado una amistad. El líder judío le dijo que solo aceptaría una visa si Sousa Mendes daba asistencia similar a todos los judíos que la pedían. Cuando acordó hacerlo, Kruger lo ayudó con el papelerío.

Se cree que 30.000 personas fueron asistidas por él, de las cuales un tercio eran judíos. En octubre de 1940, tras volver a su país, Sousa fue echado. Además se lo reprendió socialmente y no tuvo ni una pensión. Tuvo que vender todas sus propiedades y comer en una cocina caritativa judía para sobrevivir. Cuando murió no tenía un centavo y había caído en la desgracia pública. En 1966 el Yad Vashem lo reconoció póstumamente por su heroísmo.
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