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AMIA/Encubrimiento. Videoconferencia secreta desde España y un testigo que sufrió un ataque de pánico

17.02.2017 09:05  |  Lic. Claudio Gustavo Goldman, desde Tribunales  | 

AJN.- Se reanudó ayer, jueves, el juicio oral y público por encubrimiento de autores o cómplices del atentado a la AMIA con las declaraciones, ante el Tribunal Oral Federal Nº 2, del abogado y ex agente inorgánico de la “Sala Patria” de la desaparecida Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) Juan Carlos Legascue -por videoconferencia secreta desde España, sin público ni prensa- y el mecánico Ariel Nitzcaner.

Según fuentes presentes en la audiencia, el primero habría reiterado, en líneas generales, su testimonio en el debate anterior respecto de su participación en el pago de 400.000 dólares de fondos reservados de la SIDE a Ana María Boragni, entonces concubina del último poseedor conocido de la camioneta-bomba, Carlos Telleldín, para que éste firmara la indagatoria en la cual afirmó que les había entregado la Trafic a policías bonaerenses.

En esa oportunidad, Legascue contó que redactó un boceto de contrato para la compra de los derechos de autor de un libro que el principal imputado escribiría con su versión de los hechos, se reunió con su mujer y su entonces abogado, Víctor Stinfale (ambos también juzgados en este proceso), les abonó la primera mitad de ese monto en la sucursal Ramos Mejía del Banco Quilmes y luego los acompañó para que ella llamara desde un teléfono público a un celular que tenía su pareja para confirmarle el cobro del dinero.
Al término de la videoconferencia, el tribunal informó que el segundo testigo había sufrido un ataque de pánico y que realizaría un cuarto intermedio de una hora a la espera de su restablecimiento.

Transcurrido un poco más de ese plazo, Nitzcaner se presentó y declaró con cierta dificultad para comprender y expresarse, ya sea por características propias o motivadas por su reciente afección.

De todos modos, contó que conoció a Boragni a fines de 1993 y a Telleldín meses después porque tenía un taller mecánico del cual eran clientes y que llegaron a él por recomendación de otro usuario, Pablo Ibáñez.

En ese contexto, en julio de 1994 el principal imputado le llevó una camioneta Trafic blanca, furgón, sin puerta lateral, para que le sacara el logotipo de un disc jockey y un revestimiento de madera de su interior, trabajo por el cual le pagó 800 pesos, que alguno de los integrantes de la pareja le pagó al día siguiente de que él llevara el vehículo a la casa de ellos en Villa Ballester.
“El día del atentado a la AMIA, cuando se supo que había explotado una Trafic, Telleldín preguntó irónicamente y con una sonrisa: ‘¿no habrá sido la camioneta que vendimos?’”, recordó Nitzcaner, quien más adelante cambió el verbo por “arreglamos” y ante la pregunta concreta del fiscal ad hoc Miguel Yivoff no pudo precisar cuál de los dos vocablos realmente utilizó, un detalle no menor para conocer si se trató o no de una transacción comercial, más allá de su ilegalidad.

El mecánico insistió una y otra vez en que él no tuvo relación con ese rodado, sino con otro similar, ya que el empleado como coche-bomba tenía puerta lateral y su motor había sufrido quemaduras previas debido a que había sido extraído de una camioneta incendiada.
La semana posterior al ataque terrorista, la Policía Federal allanó su taller mecánico y lo arrestó: “Primero fui a la Delegación San Martín, donde me interrogaron a la antigua, con una bolsa en la cabeza, y después al Departamento de Protección del Orden Constitucional (POC), donde me trataron muy bien y nunca tuve la oportunidad de agradecerlo”, señaló.

“Me imputaron homicidio, lesiones y daños en masa”, pero después de su excarcelación quedó imputado por “encubrimiento de automotor durante diez años, hasta que prescribió” y por ello lo absolvieron en el juicio anterior, puntualizó el testigo, que aseguró no haber sufrido maltratos ni presiones por parte del juzgado y los entonces fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, con quienes tuvo “una buena relación, no la habitual de acusador-acusado”.

Éstos incluso fueron una a dos veces a su casa, a tomarle declaración, comieron empanadas que hizo su madre y hasta le mandaron un auto para que lo llevara a Tribunales.

“Me decían que me quedara tranquilo, que no iba a llegar al juicio oral, como mi socio, (Marcelo) Jouce (quien solo declaró como testigo), pero no fue así; yo quería y quiero colaborar con la investigación porque hubo 85 muertos y 350 heridos”, destacó el mecánico.

En cambio, “al juez (luego destituido Juan José) Galeano solo lo vi cuando me liberaron: me miró con cara de odio y me llevó por delante cuando salía de su oficina, golpeándome con el hombro”, quizá porque “nada tenía” sobre los autores del atentado, deslizó.

Nitzcaner no recordó qué le contó Telleldín sobre la Trafic, pero sí que cuando estuvieron juntos en el POC le “pidió que declarara que la camioneta estaba quemada”, lo cual no hizo porque “no podía mentir”.

En tanto, aseguró que a los policías bonaerenses acusados recién los conoció en el juicio oral anterior y que no se acordaba de que el principal lo hubiera visitado en su taller con algún efectivo, como figura en su declaración.

Finalmente, el testigo denunció que “tirotearon” la puerta de su casa cuando recién comenzaba el debate previo, a fines de 2001.
El lunes declarará el ex diputado Juan Pablo Cafiero, quien integrara la extinta Comisión Bicameral Especial de Seguimiento de las Investigaciones de los Atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.
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